Si algo no admite discusión en el actual panorama penal es la insólita frecuencia del crimen juvenil, adolescente, casi infantil en nuestra crónica negra. Niñas que torturan o matan a sus compañeras, adolescentes que queman por diversión a indigentes desvalidos, coleguitas que filman el acoso a las víctimas de esta rara agresividad, crímenes perpetrados con fría crueldad, se han convertido en noticias poco menos que habituales provocando el estupor general y dejando en evidencia a un aparato de poder incapaz de reaccionar de manera apropiada debido a las fuertes presiones de la opinión pública que hace posible una sociedad mediática. Lo de Seseña, por supuesto, colma un vaso que mañana mismo, por desgracia, puede ser nuevamente desbordado sin que los responsables de la reacción ofrezcan otra respuesta que la muy mediática de que legislar “en caliente” es peligroso o la muy cínica pero siempre socorrida de que la actual ley del Menor es una buena norma a la que sólo le faltan medios para demostrar su excelencia. ¿Sí? Pues que expliquen por qué andan por la calle hace años la parejita de escolares que cosieron a puñaladas a su compañera, que el “niño de la katana” campe también por sus respetos tras degollar a sus padres y hermano, que los asesinos del mendigo del cajero o los jugadores de rol que arrancaron la tráquea a un ciudadano, hayan salido del brete sobre la alfombra roja de esa superstición pseudohumanista que es el buenismo injertado de permisividad. Lo de Seseña, insisto: pocas veces hemos visto más clara la mano psicótica del “enfant terrible” al lado del cual el imaginado por Cocteau resulta una malva. Una grave epidemia de violencia se ha apoderado de esta sociedad ante la inhibición práctica de quienes deberían defenderla y es obvio que, antes de debatir y hacer psicologías sociales, lo que urge es poner coto a la clamorosa  impunidad que hoy acoge a los jóvenes bárbaros. Todos los discursos regeneradores  quiebran con estrépito ante imágenes como las que llevamos vistas. El menor no puede seguir siendo un irresponsable protegido por el prejuicio adulto.

 

Las sociedades que se rinden por adulación a la juventud acaban tan mal como las que intentan despreciarlas. Y no hay duda de que la nuestra vive un momento de desconcierto en cuyo marco es incapaz de entrever siquiera el recurso disciplinario que los atroces acontecimientos vividos reclaman con urgencia. El guante de seda del paternalismo puede ser tan nocivo como el zurriago del “padre padrone”. Pero hay hechos, como lo de Seseña, que no admiten espera. Cruzarse de brazos entre la anomia y la psicosis es, sencillamente, una opción suicida.

10 Comentarios

  1. De acuerdo en lo del seudohumanismo y eso del “buenismo” que sustituye ahora al humanismo y la bondad de siempre . Hoy mi comentario sólo quiere señalar que la niña de Seseña era “gótica”y a recordarles la foto, que dio la vuelta al mundo, de la familía ZP en la Casa Blanca .

  2. ¿Gótica? Como si es románica o renacentista.

    Aquí, o se legisla en caliente o no se legisla. Los que legislan tienen un morro que se lo pisan. Cuando se trata de apretar al ciudadano se legisla a galope tendido, cuando se trata de protegerlo nunca hay prisa.
    ¿Cuándo van a proteger a los más simples de las estafas telefónicas? No interesa porque la estafa telefónica genera un sustancioso IVA.
    ¿Cuándo van a controlar los abusos en los precios de los combustibles? No interesa porque además del IVA llevan otros impuestos aún más sustanciosos.
    ¿Cuando? ¿Cuando? ¿Cuando?

  3. Don Griyo no se me sulfure que es malo parar el corazón… Ayer me tocaba a mí. Se ve que aquí el maestro está en forma: cada tema evocado nos hace berrear…
    Es graciosa la observación de don Verolupi sobre las chicas góticas de ZP.
    Besos a todos.

  4. El tema es demasiado grave como para permirtinos digresiones. Hay un pavoroso problema planteado con la conducta antisocial de un sector importante de la gente joven, que bajo la influencia de una temible publicidad de la violencia, ha alcanzado coptas nunva vistas. Y evidentemente fallala respuesta jurídica. Mantenerse en que la ley del Menor es “suficiente” (¡que se lo cuenten a las víctimas!) o en que la denuncia de la violencia mediática es un tópico contribuirá a prtolomgar este desgraciado fenómeno.

  5. Los enseñantes damos fe del deterioro de la situación. Lo que no nos explicamos, ni nosotros ni quizá la mayoría de los ciudadanos, es por qué los polítiocs creen tan “correcto” hacer como que ignorar los hechos y como que no se percatan de la gravedad de lo que está ocurriendo en la familia y en la escuela. ¡La captación del voto joven (¿) y del voto familiar! de Otro modo no quedaría explicación para tana permisividad, “suicida”, como se dice en el final de la columna.

  6. Un sólido alegato sobre la necesidad de reorientar nuestra ley para adaptarla a la realidad cambiante. Estos crímenes precoces, como estos parricidios ahora llamados “de género”, no han existido nunca en esta desmesurada proporción y su causa hay que buscarla, por más que se em`peñen los “originales” en llevar la contraria, en la auténtica escuela de violencia que entra por los ojos y los oídos de una generación joven que, además, ha logrado superar la tradicional e imprescindible disciplina delos padres y los profesores. Ignorar esto o hacer malabarismos de tertulia puede contribuir mucho a mantener e incluso a agravar las cosas.

  7. Me da que muchos de ustedes añoran los rigores de curas y monjas o quien sabe si tambien la disciplina dictatorial que imponía la paz de los cementerios. Puede que me equivoque pero creo que simplifican. Aparte, el comentario sobre las hijas de Zapatero que hace el llamado Verolupi, que hace honor a su pseudónimo, es insoportable. Perdonen mi rotundidad.

  8. Antes que nada: señor Pertérrito, usted se equivoca, nos ha tomado mal la matrícula. ¿Es añorar esas barbaridades pedir que una menor que asesina a otra con fría crueldad sea razonablemente apartada de la sociedad amenazada? ¿Lo es esperar del Poder, del politiqueo un compromiso proporcionado a tanta locura como estamos viendo en España y fuera de España? Me parece que el mismo comentario de este señor, que bienvenido sea, desde luego, da una idea de por qué las cosas van como van. Como han ido en seseña, pero anteriormente en muchos otros lugares.

  9. Me parece vano discutir sobre causas, aun admitiendo que sería bueno conocerlas, porque la realidad es que están ocurriendo, como se ha dicho ya hoy aquí, cosas que nunca ocurrieron. ¿Cuándo se ha visto a tantos menores asesinos (aquí y en otros países), cuándo la estadística de parricidios, incluido el conyugal, fue tan aterradora? Algunos rogamos para que la Providencia nos socorra, pero tristemente la mayoría se limita a aceptar los hechos comosi fueran inevitables. Hay que agradacerle a ja que en este como en otros temas nop se arredre y mantenga su exgnecia moral y cívica ante la indiferencia o la ineptitud de los poderes públicos.

  10. En USA ese problema es más antiguo. Hace mucho que en los colegios públicos considerados “de riesgo” hay policías armados. Pero, claro, téngase en cuenta que también hay escolares armados… Peronslmente (ja lo sabe) siempre pensé que, aunque otra cosa digan los “originales”, esta perversión no tiene más explicación que el “ejemplo” recibido en los medios audiovisuales en combinación con una tendencia a la disoluci´ñon de la autoridad que parece medrar en todo el planeta. Uno no es particularmente autoritario, pero es que esta historia de que los nenes le peguen a los profes es muy fuerte, como dirían ellos en España. Por la prensa me entero de que en la Sorbona –¡qué tiempos, queridos varios de este blog…!– el ministro del ramo ha concluído tras un cónclave sobre el tema que será preciso reforzar… ¡la formación de los profesores! No les digo más, proque bastante dice ya la columna.

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