Ni el des(Gobierno) ni las policías tienen pajolera idea de quiénes son esos nuevos vándalos que, entre el negacionismo y la acracia, incendian las calles y saquean los comercios. No lo saben o no quieren saberlo, pero no hay que ser demasiado astuto para descubrir el huevo de la serpiente. Diez años después de la senil invitación de un tal Hessel, los “indignados” de la Puerta del Sol continúan concelebrando la ceremonia demagógica con una juventud absentista, condenada al ocio y  apoyada desde el propio Poder. ¿Cabe extrañarse de esta anomia crónica cuando un vicepresidente de ese des(Gobierno) tiene proclamado que se emociona cuando ve agredir a un policía? El problema real aparecerá cuando la ruina provocada por la pandemia junte a esos cafres la protesta de los auténticos desesperados.

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