Cuando pasen las rebajas y haya perspectiva para mirar atrás y hacer un balance adecuado, es posible que comprobemos que la crisis económica es más extensa y profunda de lo que se dice. No porque los consumidores –esas víctimas propiciatorias—gasten más o menos empujados por el sentimiento de ahorro, sino porque la actitud del propio comercio revela una inquietud por no matar a ese consumidor, la gallina de los huevos de oro, que deja poco espacio para la duda. Para empezar el pequeño comercio ha logrado que se le permita saltarse la ley de Rebajas para abrir en los días anteriores a Reyes y una difundida leyenda habla de que en ese terreno se librará una batalla de precios que algunos consideran suicida. Pero no es sólo en España donde va a notarse la crisis. En Inglaterra, al margen de la caída de la libra, se habla de fenomenales ofertas en las supertiendas y marcas principales, algunas de las cuales, sobre todo en Londres, se propone rebajar el 90 por ciento, lo que no deja de ser una decisión que habla por sí sola. En Nueva York se anuncian caídas de precios de un 70 por ciento y, de hecho, uno de esos ‘supers’ londinenses, ha vendido ya, por anticipado, un millón de libras en un solo día, a pesar de que la previsión indica que, barato y todo, las ventas se reducirán este año lo mismo en esos países que en el nuestro, en Italia o en Francia. Es probable que el comercio oculte su auténtica intención hasta el último momento y proceda a aumentar las rebajas a medida que pase el tiempo y los balances no sean optimistas, pero todo indica que van a batirse récords desconocidos empujados por el miedo a los stocks. La crisis plantea, en todo caso, una interesante partida de ajedrez para la que ningún gambito parece seguro este año de apreturas y turbulencias.

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Lo que las rebajas revelan es el enorme margen del comercio, la artificialidad con que la oferta consigue plantarle delante a la demanda una muleta a la que ésta ha venido entrando desde tiempos inmemoriales, es decir, ese hecho notable que es la opacidad de un mercado en el que las plusvalías son tan abusivas que puede permitirse el lujo de rebajar los precios hasta esos niveles en apariencia ruinosos. Estamos en crisis, claro, y no se puede matar la gallina de los huevos de oro que son los clientes que, por muy compulsivos que sean, habrán de sucumbir a la exigencia incontestable de la situación. Hay quien dice, como es sabido, que el truco está en comprar “de rebaja” para vender luego “de rebaja”, pero ni esa maliciosa hipótesis bastaría para explicar cómo puede rebajarse una oferta hasta un 70 o 90 por ciento si no es porque de antemano ése fuera el margen de beneficio previsto y real. Otra cosa es que las rebajas se hayan convertido en parte de la liturgia anual y cuente con un parroquia segura impulsada por esa fe que ya sabemos que mueve montañas, hasta el punto de que, como le he oído alguna vez a un reputado economista, es probable que ni el negocio podría ya concebirse normalmente sin ellas, ni el consumo tendría fácil prescindir de su seductor señuelo. Sin contar con que la estrategia de gobierno cuenta ya con que las rebajas contribuyen en términos importantes al descenso del índice de precios (IPC) con las correspondientes consecuencias sobre el control de la inflación, una esperanza que comparten –dentro de este esquema progresivamente verticalista que vivimos—lo mismo empresarios que sindicatos. Habrá que ver en el “éxito” de estas ‘super rebajas’ un claro indicador de la profundidad de la crisis, más allá de que lo vendido rebaje el beneficio de unos y suponga para otros muchos poco más que un rito cumplido en tiempo y forma. Al final, la crisis va a servir de lupa que permitirá acercarnos cumplidamente el mecanismo siempre oculto que activa el comercio. En cualquier caso, las pérdidas siempre serán asumibles y la parroquia permanecerá fiel a ese culto bianual.

7 Comentarios

  1. Como no pertenezco al Grupo -ese racimo de lumbreras que anda de vacaciones- hoy me permito opinar en este tema, tan de mujeres, en el que incluso una vieja algo ida como yo, tiene alguna idea más clara que otra.

    El Anfitrión comienza la segunda parte de su homilía con una verdad tamaño huevo de brontosaurio: ‘las rebajas revelan el enorme margen del comercio…’ Una servidora, cuando febrero languidece y ya casi está anunciando el que sabemos, que ‘es primavera’, se maravilla cuando ve que algún panty, que una prenda de punto o incluso de piel, vale un tercio o mucho menos aún de su primitivo precio. Las etiquetas se superponen y de 60 se pasó a 39, de aquí a 29 y finalmente está en una montonera de ‘Todo a 10’. No es posible que estos madofes le pierdan un centavo, me digo. Si pensamos en los esclavos chinos trabajando 15 horas diarias y en el ahorro del transporte, pues el taller está en un sótano a 8 kms. del centro de distribución, la prenda sale a un coste de 7 leuros. Hasta los 60 que pagó quien tenía boda, entierro o simplemente era de tarjeta fácil, hay un margen superior al 800 por ciento. No pasa nada porque las últimas y difíciles tallas, lo tengan solo del 30.

  2. TAMBIÉN CREO QUE LAS REBAJAS VAN A SER UN BUEN INDICADOR PARA ESTIMAR LOS EFECTOS REALES DE LA CRISIS. Hay otros muchos que resultan menos aparentes, y hasta algunos que equivocan (aglomeraciones eventuales en el comercio, restaurantes llenos…), pero la realidad se acaba imponiendo. ¡Si ya reconoce que hay crisis hasta ZP y Solbes!

  3. MI m odestro fondo de armario debe mucho a las rebajas, aunque desde hoy, tras leer a doña Epi, me costará ponerme una camisa comprada “donde ustedes saben”. Me parece muy interesnare la consideración de ja de que si hay esos enormes márgenes para la rebaja es que los del beneficio son también enormes. Paz para todos y ¡’feliz año!, aunque casi nada augure bondades para este niño futuro.

  4. Hay mucha lógica en cuanto dice hoy la columna, en especial en lo que sugiere sobre el beneficio del comercio. Dicxen que el Corete Inglés no notará la crisis, pero ¡vaya si va a noitarla! Lo quer pasa es que no es lo mismo ayunar un día de cuaresma que ayunar por sistema. Hasta de la crisis puede que saque ventaja, ya lo veremos.

  5. Yo compro en las rebajas porque el precio se aproxima a la realidad (coste+beneficio razonable), y creo que son un descubrimiento “consumista” del Sistema. De donde se deduce que no toda explotación es mala; puede haberla productora de beneficio para todos. Seguro que se infla el comercio en rebajas; pero el precio a veces increíble de los artículos también hay que tenerlo en cuenta.

  6. para esa masa consumista estos tiempos que estan por llegar van a ser una autentica gangas en si mismas, por las que muchos adquiriran objetos que años pasados era un sueño inalcanzables, y que a dia de hoy puede no ser una ilusion sino una realidad, si la crisis en estos casos puede significar felicidad, solo en este caso me alegro

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