Menos mal que el turismo no lee la prensa y, en consecuencia, no se entera de la que está cayendo, pero las minervas que gobiernan este paraíso que sobrevive en régimen de monocultivo deberían considerar los riesgos que, para nuestra gallina de los huevos de oro, supone la actual estadística de robos urbanos perpetrados por bandas organizadas, amén de otras especialidades criminales en boga. La experiencia de otras potencias turísticas arruinadas en su día por el peligro debería bastar para meter en verada a ese Monipodio que, tantos siglos después, continúa ejerciendo impune, entre nosotros, su incontestada voluntad. Vivir del gallinero, como en la práctica vivimos nosotros, exige mano dura con el zorro.

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