Un alto cargo rubalcabista ha salido a la palestra, a propósito del hilarante hallazgo de la escritora inexistente, para liquidar el astracán anunciando que en el PSOE había “un golfo” pero que ya lo han echado. Pelillos a la mar. Lo de “golfo” se ha convertido por lo que se ve en el mantra que el partido utiliza cuando ya no hay resquicio para la presunción de inocencia y se ve en la precisión de cubrir por las bravas sus vergüenzas. Roldán fue el “protogolfo” del PSOE, “cuatro golfos” son, según Chavez, los únicos responsables del ominoso mangazo de los ERE fraudulentos y las prejubilaciones falsas, y un “golfo” resulta que era también, sin que nadie lo hubiera ni sospechado, el director del chiringuito ideológico que el partido montó para compensar al defenestrado Caldera encomendándole nada menos que las funciones de una factoría de ideas y proyectos. Y menos mal que el portavoz no se ha referido a Amy Martin, ese ectoplasma rentable, porque, aplicado a una mujer, ese apóstrofe cobra un sentido muy distinto en boca de los machos de la horda aunque no creo que el feminismo “en nómina” se hubiera rasgado las vestiduras. Temo, sin embargo, que el recurso a la golfemia aislada no resuelva el gravísimo problema de la corrupción generalizada y que habremos de consolarnos recordando aquella máxima que sostuvo en su día que los regímenes personales tienden a la tiranía y las democracias a la corrupción. Y me temo que si el PSOE consistiera en que le practicaran una auditoría externa el número de “golfos” habría de subir exponencialmente.

Ahora en serio, lo que este caso demuestra no es que ninguna organización esté exenta del riesgo de que se le cuele un “golfo”, sino que nuestros partidos y, en concreto, este del que hablamos han asumido como inevitable un amplio margen de corrupción en sintonía con la insensibilidad popular que también, en buena medida, acepta el timo, el nepotismo y, eso, la “golfería” políticos como algo inseparable del ejercicio del poder. En cuanto al denunciante habría que recordarle la crónica política de unas corrupciones que implican a las cúpulas políticas, como es natural, sin cuya silente o expresa anuencia no sería posible tanto saqueador en la vida pública. Hay mucho golfo, en efecto, y eso es algo que saben de memoria los barandas de unos partidos que nunca han pactado una ley de financiación porque les va divinamente con los mangazos.

5 Comentarios

  1. Sólo son golfos cuando comprometen a los de arriba. Mientras tanto son sagrados protegidos por la presunción de inocencia, incluso cuando hay evidencia de sus fechorías. No se molesten. Esto tiene mal arreglo.

  2. Algunos de esos “golfos” han sido manetnidos bajo cuerda por el partido (recuerden el caso Filesa). Y ha habido caso en que si se le puede llamar golfos a los secuestradores, hemos visto exhibirse ante la cárcel de Guadalajara a todo un expresidente de un PSOE con su plana mayor, la menor y hasta sus matones (que le pregunten a Raúl del Pozo…)

  3. He de decir que mi no me cuadran ese tiipo de apóstrofes, como usted mismo dice, pues con decir de alguien que es un golfo no hemos dicho nada. Además, la corrupción de esos denunciados públicamente hay que proyectarña sobre el fondo de los partidos que los habilitan.

  4. Una crítica tranquila y certera. Yo creo que los jefes saben que golfos hay muchos, es decir, que no se trata de aventuras aisladas, sino de una epidemia de corrupción contra la que sólo valdría, quizás, una normativa penal resuelta a acabr con el problema. Esto no es soportable. Buena parte de lo que ocurre en el mundo económico está emparentado con las artes de los mangantes.

  5. Nisi Dominus custodierit domum, in vanum vigilant qui custodiant eam …
    Ciertamente no estoy seguro de la fidelidad o los posibles fallos de este texto, que debo conocer hace… pongamos más de cincuenta años.

    ¿Quién -pues se supone que el Altísimo anda en otros menesteres- ocupará el lugar de ese ‘Dominus’? ¿SuperMariano? Largo me lo fiais.

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