Escuchando paciente el pasado debate de la moción de censura he recordado vivamente a mi maestro José Antonio Maravall, laborioso iniciador de la ignorada historia del pensamiento político español, quien comenzaba su clase sobre don Juan Donoso Cortés fraseando una sugerente clave: “Este extremeño extremado…”, decía don José Antonio, para desarrollar después el mal conocido legado de aquel prócer que, siempre en la estela del liberalismo doctrinario, seguía con fidelidad las huellas de De Maistre y, creo que con mayor disimulo, las del vizconde De Bonald, minerva del legitimismo católico más radical. Donoso fue, sin duda, un hombre público de talla al que Menéndez Pelayo beatifica y casi canoniza, el pensador que, junto a Balmes, sería en adelante el mascarón de proa de la reacción española más confesional, y cuya influencia alcanza manifiestamente, tras el propio Maurras, al mismísimo fundador de la Falange Española.

¡No nos quedaba más que oír al líder de la extrema izquierda antisistema que hoy nos vicepreside, recomendar a Donoso como ejemplo y modelo para una Derecha española “como la gente” (diría él) capaz de equilibrar ese hiperestésico granatario que es la democracia! Es verdad que el propio Maravall lamentó una vez (en Cuadernos para el Diálogo) algún artículo sobre “La ausencia de un partido conservador en España”, tesis profunda que animaba a no confundir la actitud conservadora con el tradicionalismo en sentido fuerte, que es lo que había provocado la admiración del primer fascismo hispano y explicaba la deferencia que a Donoso le concedería siempre el franquismo. Pero sea lo que fuere, si ese recomendante leyera “La dictadura del sable” (diría Donoso: “Entre la dictadura del puñal y la del sable, yo elijo la del sable”) o su “Discurso sobre la Dictadura” –en que sobrecogido por el fantasma de la revolución europea del 48 (nuestra “Gloriosa del 68” antes de tiempo”, se ha dicho) apoyará sin condiciones al espadón de Narváez– no haría tan grotesca recomendación.

¡Pero, hombre, Vicepresidente, que viene usted, como yo mismo,  de la antaño prestigiosa Facultad Ciencias Políticas! ¡A quién se le ocurre proponer como modelo de una Derecha democrática  y responsable a un inspirador de Carl Schmitt, como ya hiciera Fraga hace años al invitar entre nosotros a aquel náufrago del nazismo blanqueado! En esta desconcertante moción de censura en la que, paradójicamente, el censurado no era el Gobierno sino la Derecha, lo suyo hubiera sido escuchar esa recomendación de Iglesias dirigida al candidato de Vox, no al pobre Casado. Porque a Donoso lo retrata sin photoshop posible esta frase invalidante: “Se trata de escoger entre la dictadura que viene de arriba y la que viene de abajo. Yo elijo la de arriba porque viene de regiones más limpias y serenas…”. Más claro, el agua.

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