Mis amigos funcionarios honrados, que son legión, se sorprenden cada día ante lo que se está descubriendo en torno a los ERE. “Pero, ¿cómo es posible, qué pasa con los Interventores. Jamás en la vida se ha saqueado de esa manera la Administración que hoy mismo funciona rigurosamente para el común de los mortales” –me dicen perplejos. Y yo no sé qué contestarles porque, con haber visto muchas cosas en las Administraciones durante mi vida, tampoco había asistido nunca al festín de Baltasar. Esto no es un escándalo sino una vergüenza que reclama ya que el propio Gobierno se interese por ella y sus circunstancias. La autonomía no debe ser una capa bandolera. Eso es precisamente lo que dicen, impotentes, los que desde abajo trabajan en las oficinas públicas.

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