Sospechoso, más que sospechoso si cabe, el mangazo de los ordenadores perpetrado en la Diputación. Demasiados nervios, demasiado secretismo, elocuentes consignas de silencio a algún “medio” amigo, como para tragarnos la versión light facilitada por la Casa. ¿Qué podría haber en esos ordenadores para que los hayan quitado de en medio? La pregunta resultaría ociosa si un hecho tan simple como un robo de oficina se hubiera explicado en tiempo y forma, pero no cuando la explicación llega forzada por la denuncia ajena. ¿Qué buscarían esos cacos que, sospechosamente, tan bien conocían el territorio? Demasiadas preguntas y un interrogante como una catedral encima del caso.

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