Desde que llegó la pandemia en este teatro del absurdo se ha aplaudido hasta al apuntador: a los médicos, a los ATS, a los celadores, a la UME, a los bomberos, a las funerarias. Sólo un colectivo, a pesar de haber estado sin descanso en primera línea y contar con sus contagiados y hasta con sus víctimas, se les ha negado la ovación: a los farmacéuticos. Y el remate de semejante discriminación ha sido la medida de negarle a las farmacias las vacunas de la gripe, hoy más urgentes que nunca, no se sabe si por razón de alguna mangancia o simplemente “por xoder”, como decía el monterilla galaico. Cuando comprueben la gravedad del disparate lo probable es que sea tarde y que la saturada “sanidad pública” haya fracasado ya sin remedio.

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