Un fabricante mexicano anda fabricando en Guadalajara una réplica de la cerveza que bebe sin tasa Homer Simpson, el ubicuo patriarca de esa prodigiosa serie televisiva que basa su éxito tal vez en que viene a ser la más feroz crítica de nuestro modelo social sólo que amablemente proyectada en un divertido espejo caricaturesco. Por las noticias que llegan desde allá, al cervecero le han quitado de las manos la producción que ha hecho furor entre un público indefenso ante la sugestión de la tentación televisiva, y se dispone a inundar el mercado con la nueva “Duff” esperanzado en que los consumidores adopten el ritmo insaciable del héroe virtual. No podríamos haber imaginado mejor prueba de la tiranía de la virtualidad ni más cabal “cierre”, como diría Gustavo Bueno, de la vieja monserga ontológica que reproduce siglo tras siglo la discusión sobre los límites de lo real frente a lo imaginario, un debate imposible porque olvida algo elemental que, ciertamente, repugna al absolutismo noológico de los razonantes, a saber, que la realidad incluye siempre una dimensión imaginaria de la misma manera que no hay imaginación posible que no cristalice, en algún grado, entre las cosas reales. Alejandro no cortó nunca el nudo gordiano, por supuesto, Colón no plantó ningún huevo en equilibrio, Luis XIV no pronunció jamás esa chorrada megalómana de “el Estado soy Yo”, ni Azaña dio en ningún momento la consigna de ”¡Tiros a la barriga!”, y sin embargo un vasto cortejo de imitadores, expeditivos y autócratas, ha hecho suya esas máximas inventadas para justificar especularmente sus propios designios. La imagen que propone la tele modela nuestro deseo hasta doblegar toda resistencia, lo mismo si se trata de abrasar a la mariposa adolescente de la autoestima en la llama de una esbeltez imposible, que si se tercia embarcar a la ‘barra’ en el consumo de una nueva cerveza sin más garantía que su relación simbólica con el personaje simpático. La demanda hace mucho que dejó de ser una fuerza libre que merodea caprichosa por el mercado para convertirse en una ecuación exactísima que incluye su propia fórmula.

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Pueden decir lo que quieran los libertarios de la telemanía, pero bien sabemos que el influjo de la imagen virtual sobre la vida concreta hace tiempo que es aplastante. En USA saben bien que una violación televisiva desata sobre la marcha una súbita epidemia de violaciones calcadas en todo el país y no hay que ser un experto para comprender que los efectos de la “introyección”, como decía Edgar Morin, resultan inevitablemente devastadores lo mismo para bien que para mal. Los parroquianos se quitan hoy de las manos la cerveza de Homer Simpon por la misma razón que don Quijote confiaba en el bálsamo de Fierabrás o que unas decenas de señoras encopetadas se suicidaron en sus gabinetes imitando a la Bovary. Entre lo imaginario y lo que realmente está ahí plantado ente nuestros ojos, discurre un fluido imperceptible de sentido, una suerte de “significante” saussuriano, cuya capacidad persuasiva es realmente hipnótica. Vomitamos para encajar nuestro esqueleto en la silueta de la modelo anoréxica, dejamos que nos estiren el pellejo para detener el tiempo, cambiamos de coche seducidos por el éxito ilusorio de un galán de pacotilla: el libre albedrío no ha tenido peor enemigo que la fascinación virtual, ni la realidad, alternativa más invencible que lo imaginario. Hace poco me enteré de que nada menos que el ‘Oxford English Dictionary’ había incluido en su bagaje ese “¡D’ oh!” exclamativo de Homer que es su latiguillo más cautivador. Ya me dirán, pues. Espero de un momento a otro que a algún lince se le ocurra fabricar en masa los pastelillos de malvavisco que amasa la buena de Marge o el chupete proyectable de Maggie. No sabemos ya ni bien ni mal qué queda de esta parte del espejo y qué queda de la otra. Mc Luhan era apenas un membrillo no hace tanto tiempo.

8 Comentarios

  1. “…fascinación virtual… realidad alternativa… significante ‘saussuriano’… capacidad persuasiva…”. Una debe ser muy zoqueta o tener fundidos ya millones de neuronas porque me enredo en esa terminología de sociólogos y similares. Lo de ‘saussuriano’, mirusté por donde, me suena algo y es que una frecuentó -otra cosa es estudiar- durante un par de años una facultad de Filosofía y Letras. (Qué antigua la Epi, ahora hay una facultad para cada rama de la Filo y otra para cada letra). Luego tiré por el camino de lo que se ve, se oye, se huele, se toca, que por cierto tiene una terminología también sstupenda: hepatomegalia, sacroilíaco, agranulocitosis, y así.

    Veo claras un par de cosas: una, que este hombre, el Anfitrión, espera las noticias de A3 un ratito antes de que empiecen. Otra, que no duerme más allá de las 4 ó 5 horas y el tiempo le cunde de maravilla. Y otra más, que tenemos en él a una Enciclopedia Británica, un Larousse y un Espasa, todo albergado en el disco duro de su saber prodigioso. (No le estoy dando jabón, ni tengo por qué dárselo. Es así y ya está).

    Conclusión (la mía): que hay que hacer el máximo esfuerzo desde todos los ámbitos, por todos los medios posibles, con todos los recursos imaginables para que el personal pase las menos horas posibles ante la dichosa pantallita. Como sería vano esfuerzo, conjurémosnos al menos media docena de primates evolucionados para que alguien pueda transmitir a las generaciones posteriores la idea de que se puede vivir sin ver la tele. (Lo juro por Snoopy: he estado 5 ó 6 días sin encenderla, con periódicos e Internet, eso sí, y siento mis restantes neuronas como más oxigenadas. Dios sea loado).

  2. Hace poco Vicente Verdú defendió en Punta Umbría, en una de las Charlas de El Mundo que organiza jagm, la inevitabilidad cultural de la tele. Tedría que habrlo oído, doña Ep, sonre todo porque el brillante sociólogo no se olvidó de quienes alardean de no verla.

  3. Excelente propuesta, mejor exposición. Hay pocos articulistas españoles que mantengan estos niveles diariamente. Se lo digo porque es de justicia y conviene subrayarlo para distraídos. Hace tiempo que no le leía una columna tan brillante. Que quede algo ásí como “durilla”, es otro cantar. Hace bien en dar una de cal y otra de arena. Gaseosas es lo que sobran en nuestro panorama cultural.

  4. Gz. MARÍN no cuida sólo de libros, sino que atiende a todo. ¿Le van a reprochar eso? Ojalá los intelectuales de este país de idiotas tuviueran en cuenta la realidad… una vez leídos los libros que no leen.

  5. Bien por no hacer concesiones, don ja, que para eso hay sobrados plumillas. ¡Qué aburrimiento –incluyendo su periódico– con esas columnas sobre la ETA,sobre el Gobierno y todo lo demás! Siga divirtiéndonos –literalmente–, haciéndonos discurrir por aqu´´i un día y por allá al siguiente, siempre con rigor. Me imagino la dificultad de ese trabajo, y por eso se lo quiero agradecer en público.

  6. Hay mucha raíz bajo la tierra de este artículo, mucha consecuencia enterrada. Cuando la filosofía se mira desde la sociología salen estas cosas interesantes, que uno (más cerca de la primera que de la segunda profesión) debe agradecer como se merece. La confusión entre lo que existe y su representaicón es una clave mal estudiada a pesar de tantos libracos como he merecido el tema. Me sorpredne (mi propia tesis iba por esos lares) que sin ser especialista se cierte tan de plano.

  7. “Lo imaginario y lo real”, ¡qué tema tan bonito tocas hoy, José Antonio. Lo leí en cuanto lo colgaste, y ¡tenía unas ganas de responder!. Pero tuve que hacer un montón de cosas: hacer la comida de hoy, la de mañana, ya sabes que son las fiestas del Patrón en mi pueblo, na menos que Santiago Apostol (pero aquí es el “matamoros”, con su caballo blanco, su espada y con su moro debajo y todo, con todos sus avíos, vamos), esto me recuerda que tengo, además de mi Santi, felicitar a mi hermana, que es su cumpleaños mañana a las 8 de la manana en punto (cuando la música pasaba por mi calle mi madre estaba pariendo, ayudada por Doña Ana la matrona, a la del medio de las trio). Después tuve que bajar a Sevilla, enfin, muchas cosas…

    “Lo real y lo imaginario”, lo que somos y lo que queremos ser, lo que ven nuestros ojos y lo que ve nuestro corazón. Aunque sé que tu vas por otro lado, pero el tema da para tanto…

    La filosofía me ha gustado siempre mucho, y he leído mucho de psicología, en la época en la que quieres saber quién eres y lo que son los demás. Por supuesto no soy nada entendida en la materia, pero he tenido muchísimas conversaciones con un buen amigo mío filósofo y psicoanalista desde que estudiaba la carrera y conversávamos de temas ontológicos, que son los que más me gustaban, las nuevas tendencias filosóficas, los últimos libros que él había leído, etcétera.

    En las clases de Literatura me enseñaron dos profesores estupendos, con quién aprendí muchísimo, y hubo una cosa que no se me olvidará jamás, que fue “el personaje” en la novela, que se puede trasladar al teatro o al cine. Uno de ellos, por cierto Carlos Álvarez (que protagonizó “Solas”, decía que el personaje es tan real como nosotros mismos, a mí me costó trabajo comprender este concepto, es más no lo pude aprender, sino sentir. Como me gusta muchísimo el cine, los “personajes” de las películas, aunque fueran muy disparatados -siempre que la película es buena, claro- se me hacían tan reales, que estaban como sentados a mi lado. Pero no es que se me hacían, es que SON REALES, es que lo son una vez que lo haces tuyo. Don Quijote existe, aquí y ahora, Don Mendo, también. La muerte jugando al ajedrez de Igmar o Plácido y el Verdugo, y tantos y tantos… Sin ellos, yo creo que mi vida sería muy aburrida.

    También tengo dos amigos en particular, Paco y José María, que cuando cuentan de algún sitio donde han estado, lo hacen con tanta imaginación, que te transportan a un edén que ya lo hubieran querido Adán y Eva, y a lo mejor no han salido de Matalascañas, pero es su “realidad” en aquel momento, ¡son tan entrañables para nosotros!. Paco ya no está en el mundo de los vivos, pero no importa, sentado está aquí conmigo, contándome cómo se lo pasó en Marruecos.

    ¡Es tan bonito este tema!, José Antonio, me ha traído tantos y tantos recuerdos que estoy llorando de alegría, porque la gente no se va, estarán siempre con nosotros, ese es mi consuelo. Etoy eschuchando a Serrat, como le gustaba a él.

    Sé que me he ido mucho de lo que querías comunicar, pero es tanto lo que estoy sintiendo ahora mismo, que ltodo lo que tenía pensado decir se me está olvidando.

    Lo siento, ya seguiré otro día

  8. La persuación que tiene la imágen en todos nosotros es increíble, y si quieren utilizarla para especular con sus intereses, seguro que lo consiguen en una gran proporción.

    Pero “Lo real imaginario” es un tema mucho más amplio, mucho más profundo. Es algo que está en nosotros antes que la televisión se pusiera en marcha.

    Forma parte de nuestras vidas como seres pensantes: “LO IMAGINADO ES REAL Y LO REAL ES ALGO IMAGINADO”

    Otra cosa es que se aprovechen de esto para deformar ese principio esencial en el hombre, como bien dices.

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