Una sentencia que acaba de conocerse condena a un sistema público de salud a indemnizar con 148.093 euros a un paciente confusamente atendido al que, finalmente, hubo de amputársele una pierna por debajo de a rodilla a consecuencia del error médico. Siempre que nos salen al paso este tipo de decisiones judiciales nos asalta el mismo comején: ¿en qué criterios se basarán los ‘ropones’ para establecer el precio de un miembro, cómo serán capaces de aquilatar hasta el último céntimo el precio de una pierna o de un dedo, el de un ojo o el de una falange? Sabemos que el cuerpo tuvo siempre un precio (lo saben bien los romanistas pero también los expertos en derecho gótico) y que, mal que bien, siempre hubo también en la curia esa tendencia a valorar selectivamente las distintas partes del cuerpo atendiendo a su función. El organicismo, es decir, la visión del mundo como un cuerpo humano –que ya apunta en las edades oscuras en cabezas señeras como la de Juan de Salisbury– aportó no poco a esta perspectiva, ya que la jerarquización analógica de las partes del cuerpo no tenía otro remedio que acabar proyectada sobre el criterio directo que los hombres empleaban para valorar sus cuerpos serranos, bien idealmente, bien forzados por la necesidad en caso de lesiones provocadas que exigían la indemnización del causante. Todo un catálogo apreciado ha surgido, al fin, de esa visión funcional del cuerpo, un catálogo que valoraba, o mejor, que ponía precio a cada órgano o miembro siguiendo el consabido criterio de su función práctica. Hay legislaciones, como la mexicana actual, que valora con un mismo 50 por ciento la pérdida accidental o provocada de un pie o un pene aunque reduce la indemnización notablemente en el caso de que lo perdido sean los dos testículos, pero aún lejos del exotismo, comprobamos que no son grandes las diferencias existentes entre esas valoraciones y las nuestras. La pierna perdida que da pie a esta reflexión sería valorada por la Caixa catalana en 30.050’61 euros, ni un céntimo menos (ni más), y compruebo que hay cierta coincidencia en las aseguradoras en cifrar el valor de ese miembro decisivo para la vida en el 55 por ciento del capital asegurado. El pulgar de un pie todavía vale lo suyo, pero ni se imaginan lo poco que merece, según los calculistas del Derecho, un anular o un meñique del pie. La Ley que indemniza a los lisiados tiene más aspecto de casquería que de código.

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En su precioso estudio del cuerpo en relación con el desarrollo histórico de la ciudad, un sabio como Richard Sennet traía a colación el caso de “El mercader de Venecia” –que tiene antecedentes diversos, incluida nuestra narrativa medieval– y en el que el judío ‘Shylock’ valora una libra de carne de su odiado rival justo en los tres mil ducados que dio en un préstamo del que éste había salido garante. Como se ve hemos avanzado mucho en este terreno, como lo demuestra la precisión centesimal con que hoy cualquier forense o cualquier ‘manguito’ es capaz de decirnos lo que vale, en realidad, un ojo o un brazo, una pierna o incluso nuestra completa capacidad de movimiento, una calculística que está proclamando a la legua la definitiva desacralización del cuerpo o, visto desde otro ángulo, el triunfo, probablemente irreversible, de la idea de ‘función’ sobre el concepto de ‘naturaleza’. Tengo entendido que el indemnizado de referencia ha precisado, además de esa ayuda crematística, el sostén de una asistencia psíquica que compense el daño invalorable de la mutilación más allá de esa mísera aritmética de la lesión que retrata, eso sí, en su perfil más auténtico, la cabeza que rige sin apelación la sociedad en la que vivimos. ‘Shylock’ no era, desde luego, un invento ocasional sino un paradigma de cierta condición humana consagrada por el mismísimo humanismo. Desde esa perspectiva, el mutilado de nuestra historia bien puede darse con un canto en los dientes con ese puñado de euros.

17 Comentarios

  1. Se olvida de que el cuerpo se compra desde siempre. Alguien ha dicho que en todas las épocas y en todos los lugares se ha sabido con precisión el precio del cuerpo femenino. Como yo creo que, además de la prostitución, hay muchas formas de comprar y vender un cuerpo, sugiero que se piense simplemente en el mundo del trabajo.

  2. La tasación del miembro no es asunto fácil pero esté determinado por la norma, no crean que se deja a la subjetividad del juez, como pudiera deducirse del art. de ja. Un juez aplica esa “tarifa” de manera que si hay quejas a quien hay que planteárselas es al legislador.

  3. Reconozca, señor Ropón, respetando su mejor criterio, que esa cifra exacta, incluso con céntimos, es por lo menos cuestionable. Nadie culpa a los jueces, entiendo yo, jagm tampoco, pero ellos son, al fin y al cabo, quienes dictan sentencia. Sería interesante más datos como esos que gm proporciona sobre el sistema mexicano, para tener una idea de cual es nuestra situación relativa en este asunto de la valoración del cuerpo y sus miembros.

  4. El trabajo es una mercancía, por tanto el trabajador es una máquina en el mejor de los casas. ¿Qué esperaban se tasara la máquina a precio de oro? Una cosa es la concepción humanista del cuerpo y otra diferente la que se hace del cuerpo de un trabajador que se expone en el mercado laboral. ¿No ha sido normal hasta hace relativamente poco (y parece que incluso hoy día) valorar el cuerpo de un esclavo? ¿Y en qué se diferencia, en el fondo, la visión del esclavo de la visión del trabajador que alquila su cuerpo?

  5. Temo que el tema se desmadre un poco, como me parece advertir ya en algunas palabras anteriores, pero la columna plantea hoy muy bien, con espíritu de justicia y equidad, un viejo problema que no creo que tenga solución nunca. Si no respetamos al Hombre no vamos a respetar al trabajador, si hacemos caso omiso de los derechos de la Persona pocas posibiliddaes hay de verlos reconocidos en una ley particular.

  6. Sé que me pongo pesadita pero ya he contado que en el invierno 91-92 -justo cuando estaban haciéndose de oro los que usted y yo sabemos- hube de frecuentar el Gómez-Ulla, que supongo ya se llamará de otra forma, allá por los Carabancheles y nunca olvidaré a esa chiquilla, Irene Villa de doce años, con su cicatriz en la cara, en su sillita y el ‘cacho pierna’ como ella mismo le llamaba. Hoy es mujer, la imagino -ella se imaginará cada día- cuasi monumental y con una carrera de periodismo terminada. Incluso esquía como posible paralímpica o algo así.

    ¿Quién voló el coche de aquellas madre e hija, sólo porque la mujer trabajaba en alguna covacha militar, como civil, por supuesto? Si se sabe, ¿qué condena debe estar aún pagando el autor del criminal atentado? ¿cuál fue la indemnización que madre e hija recibieron? ¿Qué parte de esa cantidad le ha sido cargada al valiente gudari que cometió la hazaña? ¿Por qué no se le ha embargado hasta el último terrón de tierra de su caserío, o el de sus padres, o el que en el futuro pueda heredar, o si gana un sueldo embargarle el 60% hasta que se le enfríe el paladar?

    Proclamo que si alguien le hiciera un daño así a un ser querido, creo que jamás me conformaría con lo que dictaminara un juez. No me sería difícil encontrar una recortá en el mercado negro y volarle los sesos al tipo que yo estuviera seguro que hizo la fechoría. (Tal vez el segundo cartucho sería para mí). ¿Es esto ser partidario de la pena de muerte? ¿Soy una monstrua? LLevo unos días de duda existencial que para mí se quedan.

  7. No, querida Somormuja, eso no es ser partidario del cadalso sino de la venganza privada, método arcaico, sustuido por el progreso jurídico y la civilización en general, pero no por eso mernos añorable en ocasiones como la que usted menciona. Se trata de ver si nuestra capacidad de perdonar alcanza o no a compensar el daño irreparable. Luego basta con apretar un gatillo, una vez, no dos, porque sería del género bobo apretarlo dos veces como expiación, y un mal negocio si se hace para evitar una pena que, no lo dude, sería más que liviana y llevadera.

  8. No entiendo por que se plantea hoy la cuestión anterior, puesto que gm lo que propone es el valor relativo del cuerpo para el Derecho. En este sentido, creo que ha escrito una columna brillante, como de costumbre, y especialmente acertada en sus criterios y en su forma.

  9. Digo lo mesmo, mi señor don Rogelio, que es prosa grave y elevada la de hoy para vadearla sin bañarse en ella.
    Y en serio ahora, me parece un tema precioso, que no es la primera evz que saca a pasear jagm, pero que hoy ha quedado redondo. Es triste que una pierna cueste tan poco pero lo que resulat inhumano en ese “cálculo centesimal” del que habla con dolido acento nuestra amigo.

  10. Otro tema interesante que jagm trata con talento y cultura, y una anécdota que aportamos nosotras: hemos preguntado ¡¡¡dentro del propio claustro!!! y sólo uno entre siete profesores abordados reconoció la figura de “Shylock”. Para que digan que las citas de nuestro amigo diario no son útiles. Al menos hoy seis profesores (¡) van a a costarse sabiendo una cosa más.

  11. Ese viejo mercader, cuya sombra persigue nuestro amigo por las callejas venecianas… Creo también que ha acertado plenamente esta columna con un tema de actualidad pero antiquísimo, que he visto abrodado mil veces pero nunca aconpañado de una solución práctica. Nuestro don ja, al menos, destroza la lógica de la indemnización poniendo de relieve su naturaleza deshumanizada.

  12. Hoy no entendí a mi doña Calandria-Somormuja, o puede que mis neuronas no anden como es debido. El tema, bonito, interesante y bastante dramático. El cuerpo no debería tener precio, sabemos bien quienes tenemos que cuidarlo y sufrirlo. Olvidá esta broma, viejo, es que el pastillaje me hace decir lo que no quiero.

  13. Papini era el que decía lo del precio medio de un cuerpo en el mercado, creo recordar. De acuerdo en todo con nuestro guía y amigo, que hoy ha hecho un prodigio de resumen de un tema tan complicado como ése sin mutilarlo ni encogerlo. La distinción entre “función” y “naturaleza” me parece la clave de lo que dice, pero me quedo con el tono sereno de su dura crítica.

  14. Es que algo hay que hacewr, algún criterio habrá que tomar si querenmos “calcular” la indemnización. Lo ha adelantado un experto antes y me gustaría que se tenga en cuenta para reducir la demagogia al límite de lo indispensable.

  15. Lleva razón Pangloss al desvelar la clave de la columna. No tanta Nadir al hablar de demagogia refiriéndose a un discurso de lo más justo y sereno. Pero, en fin, cada cual es una opinión, y la suya vale tanto como la mía o la de gm, a quien me gusta ver reconocido en su mérito.

  16. 22:55

    Mi doña Clarines &Co.: ¿No será que ya están llegando a profesores las verdaderas víctimas de la LOGSE, esa ley que Aznar al día siguiente de obtener la mayoría absoluta debía haber tachado de un plumazo? Claro, la Edu no es una prioridad, ya se hará en el tercer mandato y que Raxoi, que fue ministro del ramo se encargue. No le sugiero la prueba de que esos seis profes le nombren cinco personajes de don Chéspir exceptuando al príncipe de Dinamarca.

  17. De acuerdo para deleitarse con esta reflexión, por momentos graciosa y otros grave y hasta angustiosa. El cuerpo no debería tener precio, vale. Pero quizás lo que se pueda tasar son los gastos acarreados por la parte cortada.
    Efectivamente, no había caído en la cuenta que la novedada está en que la función se impone sobre la naturaleza.

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