La operación de la Policía Judicial sobre la trama de corrupción montada en el Ayuntamiento de Baena se hizo a base de intervenir los teléfonos de los sospechosos hasta que una “garganta profunda” avisó a los investigados. ¿Quién fue, quién pudo ser si lo que estaba en marcha sólo lo conocía el Juzgado, la Fiscalía y la Delegación del Gobierno? Uno no es tan lila como para creer que ésta es la primera vez en que se avisa a un “amigo político” investigado, pero cree, en cualquier caso, que en un ámbito tan reducido, resulta imprescindible dar con el chivato, cuyo color político se trasluce solo. Si era una vergüenza la “trama de los puticlubs”, esta ramificación política convierte el guión en un drama político.

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