Lo más notable de esta situación preelectoral es, a mi entender, la generalizada incertidumbre que sobrevuela a los votantes de derecha tanto como a los de izquierda. En la recta final de la campaña, pocas voces oirán ustedes confirmando una intención decidida; innumerables, en cambio, trasluciendo la duda o la resignación. En la Derecha descompuesta crece el coro de la desesperanza y el desconcierto ante la pluralidad, tanto como en la Izquierda, incluso en la más clásica, se multiplica el gesto del votante con la nariz tapada. Uno de los más veteranos de la nómina política, el alcalde de Marinaleda, lo ha orquestado en tono posibilista: “Estamos con Unidos Podemos porque es lo menos malo…”. ¡Lo menos malo! La aspiración a la excelencia se ha volatilizado en la atmósfera irrespirable de una crisis que ya es, a todas luces, general.

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