En México ha vuelto el PRI. El Partido Revolucionario Institucional –esa “contradictio in terminis”—ha gobernado el país setenta años para hibernar luego diez o doce, no me acuerdo, pero fue su dictadura legal, su “régimen”, el que marcó a ese gran país emergente con el sello de la corrupción. John Reed (“México insurgente”) contribuyó sobremanera a crear el mito del México heroico que luego evolucionó a “México lindo” en los acentos de Jorge Negrete y en el trabalenguas de Cantinflas, que una vez llegó a presentarse, por cierto, a las elecciones de la Presidencia. México crece en estos años a un ritmo de vértigo pero tiene la mitad de la población bajo el umbral de la pobreza –otra vez la película cantinflesca, con sus ricachones y sus cuates—y cuenta ya por decenas de miles los muertos en la guerra civil soterrada que mantiene con los narcos, un “Estado dentro del Estado”. ¿Y por qué vuelve el PRI, entonces, tan mal les ha ido con sus sucesivos presidentes a los mexicanos que han tenido que recurrir a lo malo conocido, a ese tragicómico recurso a la memoria de revolución pero ya por completo descafeinada, en medio de una sociedad corrupta de arriba abajo que ha hecho de la “mordida” su emblema nacional? Es pronto para contestar a esa pregunta pero quizá no lo sea tanto para augurar el fracaso a estas segundas partes que ya sabemos que nunca fueron buenas. Tengo entendido que en la capital se ignora el número de habitantes, que la policía resulta casi tan peligrosa como la delincuencia y que los compadritos levantan sus chabolas junto a las redes eléctrica para conectarlas gratis en vastas barriadas en las que ni el ejército se atreve a entrar. Y que ese Ejército se las trae tiesas con el de los narco, con el que trata de tú a tú, con un balance de 60.000 muertos en el último mandato. ¿Va resolver el viejo cacique lo que no han logrado frenar las diversas alternativas que lo relevaron?

 

El fracaso del PRI latía ya en las conciencias cuando todavía los Villas y los Maderos, incluso Zapata, trataban de organizar el caos primordial que ellos mismos habían contribuido a enredar, decepcionando a tirios y troyanos. “Si me vuelven a llamar/ para otra revolución,/ les digo ‘estoy ocupado/ sembrando para el patrón”, cantaba un cristero: el corrido es lo más creíble en esa historia contemporánea. El resto es retórica. Y el PRI es el gramático de esa retórica que ha vuelto a la escuela en medio de la trifulca.

3 Comentarios

  1. (Se me borró el anterior). Decía que no recomiendo a los amigos del blog visitar ahora ese país maravilloso. Es pura podredumbre y puro riesgo.

  2. M´´exibo es un conglomerado predemocrático, al que no hay que pedirle demasiado orden. Ellos viven, en efecto, como una película de Cantinflas o como alguna de Buñuel (“Él”, por ejemplo) y el PRI es el molde en que se fraguó ese lío.

  3. México es un gran problema para el orden internacional demás de un problema interno, dada su condición de país emergente. Cantinflas no es ya su emblema, más bien lo son esos invisibles narcos que se han convertido –ya se ha dicho– en un Estado dentre del Estado, tal como ocurrió en la España fernandina con los bandoleros.

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