La denuncia de la juez sustituta de Alaya presentada por la Fiscalía Anticorrupción al CGPJ llega, evidentemente, tarde pero llega siquiera a tiempo para salvar un prestigio de la Justicia que iba de mal en peor. No es que ese CGPJ sea gran garantía, a estas alturas, pero es lo que hay, y debe bastar a sus miembros para disipar la extendida duda (razonable, desde luego) de que las corrupciones del “régimen” del PSOE en Andalucía gozarían de una irresponsable impunidad. Claro que a esta madeja no hay quien la devane ya, pero, al menos, está ahora en manos de un “gobierno de jueces” desacreditado por su politización, demostrar que lo que Guerra dijo en su momento –“Montesquieu ha muerto”— no era del todo cierto. El blindaje de los políticos constituye la mácula supina de esta democracia y el rodrigón del agio. Este caso ofrece una oportunidad (¿la penúltima?) de devolver a la opinión su perdida confianza en la Justicia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.