El juicio del juez Serrano tenía que convertirse en un circo de varias pistas. Y se ha convertido, claro. Desconcierta escuchar el alegato de la Fiscalía, los enredos de los abogados, las circunstancias del caso y, sobre todo, comparar la gravedad de esta acción contra un juez por un auténtico quítame allá esas pajas con las anchas tragaderas demostradas tantas veces –alguna bien reciente—en casos que implicaban a personajes que, en la vida política y profesional, significaban lo contrario que Serrano. Es de suponer que el montaje quedará en agua de borrajas. Si así no ocurriera y el juez llegara a ser condenado, una seria amenaza se habría logrado colocar por encima de los que tienen que juzgar. Y la Justicia –la Fiscalía sobre todo—uba a verse a los pies de los caballos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.