A propósito de la presunta defraudación fiscal de Messi medio mundo se ha acordado de Lola Flores, la pobre, es decir, del espectáculo que montó Borrell para que se viera “un ejemplar”, como hubiera dicho ella, en aquella España a la que resultaba preciso, por lo visto, aflojarle la rigidez heredada de la autarquía franquista y los impuestos indirectos. Lola dijo cosas memorables entonces, por ejemplo, que ella –“que-había-paseado-la-bandera-de-España-por medio mundo”—dejaba de ser la Lola de España para pasar a ser la Lola de Hacienda, o aquella estupenda ilusión de que si cada español aportara una peseta a su causa, se acabaría su problema y la España cañí podría dormir tranquila. Messi, en cambio, se ha limitado a colgar en su página un breve desmentido y mostrar de paso su sorpresa, como si fuera imaginable que la fiscalía se querellara con alguien relevante sin que antes la Agencia Tributaria hubiera removido cielo y tierra, incluyendo la encuesta al presunto defraudador. Si escarmentando a Lola se trataba de asustar al país remolón, con la querella a Messi lo que Hacienda trata de hacer, tal vez, es acercar el alfiler a la inmensa burbuja del fútbol, esa bolsa de fraude a la que sería difícil buscarle parangón, y no sólo a las estrellas de ese firmamento sino a sus clubs, a sus representantes y a sus ollas tapadas. El toque está en saber cuántos Messi andarán por ahí rematando a puerta vacía en los paraísos fiscales y sin dejar un duro solidario en las arcas de la fervorosa nación que los mantiene como a rajás, sin dejar de considerar lo problemático que habría de resultar volcar ese puchero en un país abducido por el telefútbol que va de lunes a domingo. Meterle mano a la banca es como coger a un elefante por la trompa, pero desinflar la burbuja del fútbol no debe irle a la zaga a esa proeza.

Lo que no deja de ser estupendo es que la nación ande en vilo por una querella a un potentado como ese chico mientras permanece empantanado su “ejército de reserva” en el médano de la crisis, que se le dé más espacio y titular a una “figura” que a los miles y miles de zambombazos que se le dan a los empresarios del común, por no hablar de los propios trabajadores. ¿Cómo se explica tanta conmoción por lo de Messi en un país en el que tienen que declarar pulcramente a Hacienda hasta los pensionistas? ¡Ay, si Lola anduviera por ahí canturreando incansable la epopeya romántica de la Zarzamora! Seguro que Montoro no faltaba ni una noche al colmao.

5 Comentarios

  1. Es que casi nada es explicable en este país hoy por hoy. Lo de Messi, como dice, debe de ser una gota en ese océano.

  2. Me quedo con la pregunta por el número de Messis que andarán por esos campos de Dios defraudando todo lo defraudable. El fútbol es hoy una gran burbuja a punto de estallar y creo que es obligación de Hacienda meter la lupa en sus entresijos tanto societarios como personales.

  3. A cualquiera que no fuera Messi o Urdangarín lo freiría Hacienda por mucho menos. Va lo que quieran a

  4. Por lo pronto, el fenómeno argentino ha soltado diez millones del ala como quien se desprednde de calderilla.

    Pero, ojito, que pinchar la burbuja futbolera puede poner en pie de guerra a miles, ¿millones? de hinchas que podrían hacer una revolución de mucho cuidado. Acuérdense de aquel verano en que el Sevilla FC estaba condenado a bajar escalones.

    Si al pueblo se le arrebata su opio, el despertar puede convertirse en una manada de tigres enfurecidos.

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