Lo ocurrido en la Mezquita de Córdoba –la invasión del recinto sagrado por un grupo perteneciente a  otra religión—es un aviso de la que previsiblemente se avecina y ante el que es imprescindible mostrar una absoluta firmeza. Nada tiene que ver la libertad religiosa con el derecho a ejercerla en el ámbito de otras religiones, y menos si, como en el presente caso de los islamista, cualquiera sabe que resulta inconcebible la recíproca, a saber, que un grupo de cristianos invadiera por las bravas una mezquita en esos países donde la mera conversión se castiga con la muerte. Sólo un complejo ignorante podría confundir semejante provocación con el ejercicio de un derecho.

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