Mientras el alcalde Zamudio veranea en Hong Kong, el pleno de Isla Cristina pone en escena la comedia bufa de esa fuga al grupo mixto que no hay más que echar una ojeada a la situación para convencerse de que, además de que es posible que arruine definitivamente al PA, inquieta al PP y agrada que más no puede al PSOE. Da grima escuchar a esas ediles con el “¡y tú más!” sin caérseles de la boca, da pena ver a los restos del naufragio andalucista resignarse en la playa, da no sé qué ver al PSOE templar gaitas gallegas anunciando una auditoría pero dejando caer, por si acaso, que no lo hace por desconfianza. En la escala menor de los pueblos –lo mismo en Gibraleón que en Valverde, en El Cerro que en Punta Umbría– es donde se percibe mejor el cambalache de una política que para sus gestores ha llegado a convertirse simplemente y ante todo una profesión no poco pingüe y nada agotadora.

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