Que no vayan los alcaldes a los Parlamentos es lo que el PSOE defiende en Andalucía pero niega en España: no podrán ir al de las Cinco Llagas los grandes alcaldes andaluces, por decisión de la Ejecutiva regional, pero sí acudir al Congreso los de cualquier parte de la nación, incluida Andalucía, por orden de Madrid. Es decir, que lo que es bueno para España es malo para Andalucía o viceversa, con tal de preservar la jerarquía secreta y efectiva de un partido en el que, por ejemplo, Chaves pinta todavía bastante mientras Griñán no pinta nada. Es lo que explica que en Cádiz éste último –¡el primer mandatario andaluz!– haya de tragarse el sapo sin rechistar. Lo de Escuredo y Borbolla no fueron sendos accidentes circunstanciales sino el simple efecto de una norma centralista que sigue en pleno vigor.

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