No le falta razón de Chaves cuando cifra la desafición a los toros en los astronómicos precios de las entradas, aunque no lleve ninguna al sugerir que la prohibición en marcha no se debe a unas presiones políticas en las que su partido tiene mucho que ver. Es de dominio público que no habría toros en la mayoría de las plazas si no fuera por las subvenciones que, a manos más o menos llenas, les largan a los empresarios las instituciones públicas, pero nadie tendría que recordarle a tan avezado político que esas subvenciones no son más que una inversión electoralista. Ahora bien, ¿sólo los toros dependen del dinero público por su incapacidad para autofinanciarse? Hombre, no. Al fútbol se le ha saldado ya la deuda masiva con dinero público un par de veces al menos y, si Dios no lo remedia, algo similar habrá que volver a hacer antes o después. ¿Y del cine, qué me dice de esa “industria” que más que tal o que un  arte es un circuito de subvenciones otorgadas en mérito a “los de la ceja” y que hasta cuenta con “uno (una) de las suyas” en el Gobierno para defender sus intereses? Tampoco habría teatro, por supuesto, si hubiera que mantenerlo con sus taquillas y no con subvenciones, como no habría ferias populares (éste año, con la crisis, ha habido que suspender varias de ellas), o como no habría conciertos (Chaves le ha dado tanto a Baremboing que éste llegó a calificarlo ¡como un gobernante de talla mundial!), ni turismo-Inserso, ni energía convencional y menos aún alternativa, ni agricultura, ni conservación del medio, ni linces ni quebrantahuesos, ni “correbous”, ni cabras o pavas para arrojar desde campanarios. Por no haber, no habría ni partidos políticos, ni patronales ni sindicatos, ni universidades de verano, ni mascletás. ¿Por qué, entonces, cifrar el fracaso de los toros en su insolvencia económica, como si las corridas fueran una excepción en este país masivamente subvencionado en el que se ha llegado a cobrar por no sembrar y a invertir en espectáculos que no eran sino propaganda antiespañola?

 

No me parecería mal (aunque no sé si los políticos que dependen de elecciones estarían de acuerdo en ello) que se abandone la tauromaquia a sus propios recursos, siempre, eso sí, que se planteara, al menos, la aplicación  de esa política autárquica al país entero. Ni un duro para nadie, allá cada cual con sus taquillajes, cada afición a cargo de su cofrecillo, incluida la “caja tonta” de la tele, ese agujero negro. Chaves sabe que el problema actual de los toros no es el económico de toda la vida, sino el político que fuerza a su partido a tragar con lo que le echen sus socios. Pero los demás, claro, también lo sabemos.

6 Comentarios

  1. Una verdad como un castillo, y muy bien ejemplificada. Esta será de las columnas de las que no disienta ningún casinero, creo yo.

  2. País subvencionado, acabáramos. «…allá cada cual con sus taquillajes, cada afición a cargo de su cofrecillo…» Eso es casi agitprop ultraliberal, don JA. Aquí se subvenciona desde la más alta cuna a la choza más ruin.

    Pero lo triste es que nos estamos convirtiendo, ¿o ya lo somos?, en un país de bueyes, de capones y no de Villalba precisamente. Estabulados ante ‘el pantallón’ como ya lo llaman nuestros adolescentes cuarentañeros en el que -el ejemplo andaluz es prototipo- se promociona el futuro a través del cante o el baile. A ver si la niña graba la maqueta, a ver si el niño es un Joaquín Cortés.

    Panem (et chopendum) et circenses.

    Por cierto, qué lapsus calami el boing de Baremboim más conseguido. Pelota número &#$*¿^{#], boing, boing, boing….

  3. No le pasan ustedes una al pobre azacán, ya ni siquiera la fiel doña EPI, aunque la verdad es que tiene gracia el comentario. Sobre el fondo, pleno acuerdo. Siempre me sentí incómodo con el sistema de financiación eclesial, pero resulta que sus críticos más fercoces son los que lo han extendido a las demás religiones con toda liberalidad. Nótese el contrasentido y lo que se les ocurra, ya «afueraparte», como suele decir y repetir algún radiofonista amigo de jagm.

  4. Concluyente argumentación. Este es país de mano tendida, sociedad trincona, y lo es ahora más que nunca. Lo mejor es cuando salta por encima de los ejemplos y se va hasta las propias instituciones, partidos, sindicatos, patronales…, todos con el cazo puesto. Lleva razón don ja: puede que los toros se murieran en poco tiempo sin subvenciones…, pero no más que el resto de este país mendicante.

  5. En cierto pueblo andaluz, onubense por más señas, una «casita» de alterne fue considerada a todos los efectos por el Ayuntamiento como un proyecto de interés social. ¡Hasta el puterío está ya subvencionado!

  6. Ja, ja, mi don Berdigón. Fue asunto muy celebrado y muestra de la prodigalidad del Régimen que padecemos lo del meretriclub. Una pasada.

    Beso su mano, padre Cura, que una servidora es del plan antiguo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.