Cuesta seguir el ritmo que agita el plenario de los ERE en medio de la algarabía de unos y otros. Sube la tensión el PP pidiendo la comparecencia de la presidenta Díaz, que al PSOE le parece ridícula quizá porque no recuerda ya cómo se obligó a Rajoy a testificar en el caso Gürtel ni repara en que ahora mismo sus letrados estén reclamando que comparezcan los altos cargos de la época de Aznar. Lo que nadie hace es preocuparse del dinero defraudado, que se perderá a buen seguro, ni del desprestigio institucional y político creciente al que están contribuyendo entre todos. Es grande la irresponsabilidad de muchos políticos sumidos en el desconcierto y atentos sólo al “sálvese quién pueda”. Ciertamente, la foto de ese banquillo puede producir aún daños mayores de los ya ocasionados.

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