La Conferencia de Obispo francesa parece que ha decidido incorporar masivamente a la práctica religiosa el uso de las nuevas tecnologías. Hay todavía entre unos y otros sus disputas que, en un sentido, pugnan por la utilidad sin peros de semejante instrumento, y en otro se resisten a aceptar que en esos ejercicios realizados a través del telefonillo pueda encontrarse una auténtica espiritualidad. El caso es, de todas maneras, que en un par de años se han multiplicado las “aplicaciones” que permiten ofrecer a los católicos que dispongan de teléfonos móviles no sólo la lectura directa de la Biblia –logro que ha conllevado, entre otras dificultades, la de liberar al viejo Libro de ciertos derechos legales que aún subsisten—hasta escuchar en directo o en diferido el sermón del cardenal (al menos, de momento, del parisino, monseñor Vingt-Trois), entretenerse con la lectura de vidas de santos y otros textos edificantes, disponer de una información precisa sobre los horarios y emplazamientos más accesibles de las misas celebradas, e incluso seguir en vivo una visita guiada a la catedral de Lyon sin necesidad de moverse de casa. Es más, una de esas aplicaciones, de nombre “Magnificat”, permite ya la recepción de los textos litúrgicos y plegarias del día, ofreciendo la opción máxima de escuchar por teléfono la misa dominical. El vasto proceso de secularización que los funcionalistas avisaron que sería el resultado de la sociedad tecnológicamente avanzada tenía, como puede verse, un imprevisto envés, por el que quién sabe si las religiones que están viendo progresivamente desacralizado su universo lograrán, en cambio, disponer una vía de resacralización de la vida que me parece a mí que hubiera dejado de piedra a Max Weber por no hablar de los mentados funcionalistas o de esa legión que da por liquidado el fenómeno religioso y anda vendiendo la piel del oso antes de cobrarse su pieza. Sólo el tiempo dirá quién gana y quién pierde estas partidas que andamos jugando a ciegas con ese portento diminuto que llevamos en el bolsillo.

 

Es posible que la secularización que afecta a las religiones, al menos en Occidente, no sea el único efecto negativo del referido progreso. Las feligresías se ven diezmadas pero también se vacían los colegios electorales, pongo por caso, acaso porque en uno y otro ámbito no se haya valorado a tiempo debidamente el alcance revulsivo, revolucionario, de unos cambios materiales que, cada dos por tres, se superan a sí mismos. Llevar la meditación o la liturgia en el móvil puede suponer un inquietante paso incluso frente a los escépticos que acaso no ven ese alcance pastoral que nos cabe en el bolsillo.

6 Comentarios

  1. Vamos a ver muchas “concesiones” para contrarrestar la secularización de que tanto habla don ja en esta columna. La Iglesia sabe –acaba de decirlo– que la adecuación tradición-modernidad no se podrá producir sin tensiones. Habrá pues que ir cedeiendo, hasta en materia de condones…., y nolo tomen a chacota porque el paso dado me parece muy interesante. Les aconsejo que lean el libro del Papa, la entrevista famosa, antes de opinar.

  2. Una vez más me toca decir sólo amén. Sobre el asunto del profiláctico, es probable que cuando la genete se entere, si es que se entera, de su contendio pleno y correcto, saque conclusiones más favorables. Yo creo que se sigue instalado en el fundamentalismo que impone la obsesión del sexo, pero también estoy empezando a creer que gestos como éste de la “excepción” puede suponer una brecha en la muralla difícil y quizá imposible de conjurar. Todo muhco más interesante que el uso del celular para escuchar misa o escuchar prédicas. El tiempo lo irá poniendo en claro.

  3. Me temo que esto no es lo que suele repetir jagm sobre la inevitable secularización de las sociedades industrializadas, pero enfin, habrá que admitir que es lógico que cada negocio incorpore las nuevas tecnologías a su arsenal. La Iglesia no se modenriza porque se tecnifique, pienso. Lo del conmdónya es harina de otro costal que seguro que jagm podría explicarnos con su reconocida solvencia e información.

  4. Todo se moderniza, jefe. Caundo yo era joven, una misa “no valía” más allá de los 150 metros… Hoy las “echan” por el telefonillo.

  5. Explique lo del profiláctico, buen hombre, que seguro que usted dispone de mejor información que la muy sesgada en todos los sentidos que se está propagando. Es un ruego al que sumo.

  6. No creemos que esas tecnologías vayan a revolucionar la crisis profunda ne que se mueve la religión, al menos la oficial. Otra cosa es la decisión de abrir el meló de las prohibiciones, hasta ahora pétreas, en torno a la sexualidad, terreno en el que lo que acaba de decir el papa es importante, al margen de cual sea la postura de cada cual.

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