Los pactos contra el transfuguismo han sido siempre letra muerta y seguirán siéndolo mientras nuestro sistema de autogobierno no supere la miseria de la partitocracia. El firmado hace nada y menos por los partidos en el Congreso, bajo la presidencia del ministro de Administraciones Públicas, se ha demostrado papel mojado a la primera de cambio, o sea, el jueves en un Ayuntamiento de Punta Umbría en el que el PSOE ha aceptado la colaboración de dos tránsfugas para arrebatar al gobierno municipal legítimo del PP lo que de verdad interesa: las competencias urbanísticas. En uno de cada cinco pueblos onubenses ha anunciado ya el PSOE que contará con los fugados de esta legislatura… siempre que hayan huido del bando contrario, no del propio. La comedia del antitransfuguismo queda desvelada y la conclusión de que no hay tránsfugas espontáneos sino vendidos se confirma una vez más en la práctica. Chaves, al permitir actos como el del jueves, desenmascara a su propio partido y descubre la ignominia del negocio de los fugados. Hay mucho dinero en juego en los Ayuntamientos. Fíjense ustedes que en el Parlamento casi han desparecido las espantadas. Por algo será. 

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