Numerosos indicadores nos ponen sobre aviso sobre la crisis de la lectura, en particular la de los jóvenes. Nos lo cuentan los sufridos profes, lo constatan los padres (lectores), lo confiesan muchos que se sienten incapacitados para ese ejercicio que no goza en este momento histórico, ciertamente, de su mejor prensa. El Programa de Evaluación de Estudiantes (por mal nombre, “Informe PISA”) se ha encargado año tras años de advertirnos que nuestros alevines leen cada vez menos, mientras que consagran cada día más tiempo a la tele y al videojuego, demostrando que poseemos una juventud culturalmente a la zaga de sus congéneres en punto a dedicación a la lectura y, lo que tal vez es peor, a la comprensión del texto. Navegamos muy por debajo de la media civilizada, como es sabido, en lo que se refiere a ese ejercicio hasta ahora considerado esencial para la vida cultural de los pueblos, que encima se complica en la medida en que los expertos discuten las ventajas, inconvenientes y diferencias que separan la lectura libresca de la llamada “on line”, es decir, no de la que es producto de la relación directa con el libro sino de la efectuada a través del ordenata. Pues bien, aunque parece comprobado que los jóvenes españoles poseen en casa más de esos instrumentos que la media de los europeos (aunque menos en el centro docente), resulta que también están por debajo del promedio de éstos –concretamente ocupan el puesto 12– en la clasificación que atiende a la destreza lectora en la Red y que, en definitiva, su capacidad como lectores de textos impresos es todavía inferior a la demostrada en aquella. Quizá es que estén de acuerdo con la vieja idea de que la lectura es una forma de pereza en la medida en que el lector resigna en el texto la función de pensar por uno mismo o quizá que, sencillamente, soplan malos vientos para la lírica bibliográfica y por doquier arrecia el descrédito del libro frente a su penumbra virtual.

El gran poeta Edmond Jabès –cuyo estro fragilísimo no me imagino contemplar en una pantalla– llegaba a decir que el libro no existe sino que lo crea la propia lectura. Como nos descuidemos, podríamos quedarnos sin el uno y sin la otra, no puedo imaginar con qué sustitutivo pero seguro que atrapados en el tremedal que supone la textura desencarnada. Claro que nuestro jóvenes, por lo que parece, fracasan por igual ante impresos y virtuales, con esa fobia de la escritura que tanto potencia la seducción de la imagen. Yo he visto no sin agobio el esfuerzo titánico de mi nieto por descifrar su silabario. A manejar la videoconsola, en cambio, aprendió solo. Y en un santiamén.

7 Comentarios

  1. También nosotros , de seguir así las cosas, acabaremos rápido en la Edad Media.
    Hay días en que desespero del género humano.
    Besos a todos.

  2. Me choca que parece ser que hoy en día tenemos todos los instrumentos de medida, sobre educación (informe Pisa) , economía y sociedad que se puede apetecer y hasta imaginar, no sé cuantas reuniones, estudios, informes, plataformas que todos apuntan que es urgente cambiar , pero somos incapacer de dar con el freno…..
    Mal nos vemos…

  3. El problema es que quizás en una sociedad de la imagen cada vez se lee peor. Demasiada gente lee de manera apresurada y me dicen desde la enseñanza primaria que creen que los debutantes también entienden mejor el mensaje icónico que el lenguaje de los signos escritos. ¿Vamos hacia una civilización del espectador?

  4. Por lo que tenmgo entendido España no es una excepción en esta materia sino que confirma la regla europea. Lo digo porque no me parece que flagelarse al máximo conduzaca a nada bueno.

  5. Haría falta no menos que un apagón total en las nuevas tecnologías (internet y TV) para sacar a la gente joven -y no tan joven- de las pantallas y reconciliarlas con los viejos hábitos de lectura. Las historias que me entretuvieron de niño y adolescente (Verne, Salgari, Karl May, Enid Blyton, etc.) son soporíferas para estos lectores. Entiendo que a ellos les corresponde elegir las historias que les hacen emocionarse, y no a nosotros. Pero, en cualquier caso, desilusiona ver cómo relegan al olvido mucho de lo bueno que hay en ese kiosco global (que eso es la web y poco más) en beneficio de historias predigeridas y que requieren poco o nulo esfuerzo de imaginación y reflexión.
    Saludos

  6. No puedo estar más de acuerdo con el pesimismo de ja y con el comentario de Rafa. Quizá al saber se acceda ahora por otros caminos… Lo que es seguro es que la lectura ha decrecido sin que ello quiera decri que antes se leía mucho, porque no sería verdad.

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