Tengo guardado desde . años un informe editado en la universidad de Duke en colaboración con una agencia de sabios japoneses, en el que se da cuenta de una experiencia real de telequinesia o algo parecido, en virtud del cual se consiguió que un mono en EEUU provocara que un robot en Japón duplicara sus movimientos. Situaban a ambos “sujetos” sobre sus respectivas cintas rodantes de manera que el simio pudiera contemplar en una pantalla el movimiento de las patas del robot, y comprobaron no sólo que la máquina se activaba por la acción de los lejanos electrodos implantados en el cerebro del mono, sino que cuando éste se detuvo el robot siguió con su caminata, prueba de que  seguía recibiendo las señales eléctricas que continuaba enviándole el cerebro de su “partenaire”. Nos llega ahora una noticia mucho más apasionante en la historia de un profesor americano, Brian Pasley, de Berkeley, que ha logrado probar que escuchar un sonido o imaginarlo activa las mismas áreas cerebrales, circunstancia que le permite postular la posibilidad de descifrar el pensamiento no expresado, es decir, las palabras y conceptos solamente pensados, a base de descodificar las señales emitidas por su cerebro. Hay que reconocer que si la ciencia-ficción concibe y prefigura anticipadamente muchas proezas científicas, la propia ciencia es capaz de superar racionalmente, de vez en cuando, a la imaginación más audaz. El viejo sueño de leer el pensamiento –“tortura de tiranos y celosos”, decía el poeta—parece ya una realidad muy por encima de la que brindaba el uso de drogas capaces de anular la voluntad. Nos desnudan en el aeropuerto, nos escanean en el laboratorio, y ese “hortus conclusus” que ha sido siempre el último refugio de la humanidad ve cómo el saber se salta limpiamente su valla para descubrir nuestro secreto más recóndito. El saqueo de la intimidad está garantizado y no lo ha logrado el suplicio ni la seducción sino el progreso de un saber que ha descubierto la entraña material de la actividad del espíritu.

Imaginamos al robot caminando a impulsos del mono pensante y al paciente aislado del mundo conectando con la realidad a través de un puente eléctrico, y vemos ante nosotros un futuro en el que el prejuicio antimaterialista habrá de sublimarse ante la evidencia de nuestra real constitución. Hubo alguna vez quien quiso pesar almas o calculó ángeles de pie en la punta de una aguja. Hoy lo que se impone es la reconciliación del espiritualismo con la realidad de una materia que en nada contradice la visión trascendente. La ciencia y la teología pueden seguir sus sendas paralelas que acaso se crucen en alguna asíntota imprevisible.

5 Comentarios

  1. El pensamiento es algo demasiado complejo y mudable. Está compuesto por sensaciones y emociones además de palabras.
    No creo que los científicos consigan descifrar, afortunadamente, más que algunas palabras sueltas e inconexas, aunque no dudo de que algunos estados policiales puedan utilizarlas en los “hábiles” interrogatorios.

  2. Es lo que tiene el hecho de que, a igualdad de contexto, las opciones de mensaje sean tan pocas y tan predecibles que hasta el más cotidiano de los programas puede anticiparlas.

    – “Querido pepe…”
    – MENSAJE: Word detecta que usted quiere escribir una carta…

    A mi juicio, este avance tiene más que ver con la “computerización” del cerebro que con la “humanización” del ordenador. A ver qué programa podría anticiparle a don quijote su próximo desvarío.

  3. Porfin algo diferente y nuevo en la prensa!
    Me entusiasman estos avances científicos y estos debates. Como don Griyo creo que la lectura a libro abierto de nuestro cerebro no es para mañana, gracias a dios! Pero qué duda cabe,: esta perspectiva me deja soñadora.
    Un beso a todos.

  4. Tema apasionante, sin duda presentado precozmente por loos sabio0s, somo suele decir ja, y que en el futuro tendrá, probablemente apolicaciones desables y no deseables. En cuanto al pesimismo de Don Griyo y de don Rafa, no se precipiten que todo se andará. De hecho no es imposible: a mí mi mujer me lee pensamiento con sólo echarme el ojo encima.

  5. Es inquietante lo que cuenta la columna y me temno que otros sustos nos guardan en el camino. En caso de que la Ciencia lograra ese poropósito sería imprtescinbdible que la Ley limitara rigurosamente el uso de esas técnicas que pueen atentar contra la intimidad tal como sugiere gm.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.