No ha habido que esperar demasiado para conocer las consecuencias legales del escándalo de la leche contaminada con melamina, una sustancia para usos industriales empleada por el emporio chino Sanlu para ‘fabricar’ su leche infantil. Nada de contemplaciones: graves condenas de cárcel, una de ellas a perpetuidad, y tres penas de muerte, saldarán, según  los tribunales chinos, las numerosas muertes y 300.000 casos de grave intoxicación registrados antes de que se decidiera poner fuera de juego el pernicioso producto. Ni su condición de miembro destacado del PC chino ha librado a madame Tian Wenhua de una condena de prisión vitalicia, dicen ahora desde el Poder que por haber ocultado el hecho hasta que fue demasiado tarde para evitar la tragedia, pero la verdad parece ser que las autoridades estuvieron prontamente informadas y prefirieron callar durante el periodo olímpico. Un mes ha durado el expeditivo proceso que, salvadas las temerosas circunstancias y el rigor brutal de las sanciones, nos trae a la cabeza el recuero de la colza, aquella infamia nunca aclarada del todo y en la que el Estado –el Gobierno y los tribunales—han jugado descaradamente el papel de la obstrucción contra los derechos legítimos de los damnificados, en pleito inútil o casi desde 1981. Los chinos no quieren bajo ningún concepto que su reputación comercial quede en entredicho y han tenido que hacer uso del chantaje a los EEUU esgrimiendo su peso en la deuda nacional, para parar el presumible boicot. Esta escenificación brutal de la justicia es el complemento de aquella comedia.

Volviendo a lo nuestro, 27 años más tarde muchos son los afectados que han desaparecido, sin contar la inmensa mayoría de ellos que ha debido padecer de por vida los efectos de aquel crimen. Y no se trata de suspirar por un estado de cosas en el que las culpas se liquidan sumariamente con rejas perpetuas o tiros en la nuca, pero sí, quizá, de echar de menos un  término medio entre el leguleyismo que aquí ha arrebatado sus derechos a esos miles de desdichados y la barbarie comentada. Hasta el 2014 andarán rodando por los juzgados los expedientes no resueltos aún. Echen cuenta de los años transcurridos y háganse cargo como estarán, con aquellos devastadores cuadros clínicos, los envenenados de entonces, esto es, los supervivientes. Los chinos han  resuelto en unos meses un caso similar sin encomendarse a Dios ni al diablo. Con un primitivismo salvaje que hay que rechazar sin matices, pero con una eficacia que no deja de darnos que pensar a nosotros, los civilizados.

11 Comentarios

  1. Justicia china, civilización china. Sabemos muchas cosas, demasiadas, sobre este modo de mirar la vida y los dercehos del hombre en China. Perpo verán com o nadie se enfada con ella. ¡Tiene en una mano el Tesoro yanqui y en la otra el comercio europeo!

  2. No voy a decir nada de los chinos y su justicia sumaria, pero no puedo olvidar la mayor miseria del caso del aceite desnaturalizado de colza:

    Parece que el fraude venía de muy atrás pero la intoxicación se produjo por un cambio en la química de la adulteración (renaturalización), que nunca fue explicado por consejo de los abogados de los criminales, hoy todos en libertad y ricos, y en perjuicio de la salud de los miles de afectados, hoy todos muertos o inválidos. Ese silencio impidió a la medicina investigar y actuar.

    A veces se echa de menos a la justicia china.

  3. ME ALEGRA ENCONTRAR UN BLOG QUE SE ACUERDE DE LAS TRAGEDIAS ESPAÑOLAS AL TIEMPO QUE DENUNCIA LAS AJENAS.

  4. Dios se apiade de los chinos y tenga en mente a los de la colza, aquel crimen sin nombre en que parece que todo conspiró para dejar abandonados a sus víctimas. Este don ja siempre sacándole punta a la noticia y llevando el agua de la coyuntura al molino de la justicia. Dios se lo pague.

  5. Justicia expeditiva, ¿y qué esperaba? Ha habido que tapar la responsabilidad ppor omisión, puesto que antes hubo que salvar los JJOO ante la indiferencia de Occidente y el mundo civilizado a tanto atropello. Lean algún dossier sobre la cuestiónde la leche china y verán con qué grado de irresponsabilidad actuaron esos criminales. En todas partes cuecen habas, jefe, ahí tiene la prueba.

  6. Hay un aspecto poco considerado en el asunto de la colza. Porque si alguien no lo sabe es el más utilizado en Canadá y Alemania, como ven dos paises muy subdesarrollados. Contiene un alto contenido en ácido oleico -¿les suena?- y sé del intento de introducir su cultivo masivo en España en fechas próximas al desastre.

    Se frustró una de las posibilidades de revalorizar la agricultura extensiva en Expaña. Pero, ¿se imaginan a los latifundistas cazaprimas de la UE manejando un negocio muy potente y gastándose los beneficios y las plusvalías en ferias y rocíos? Tal vez Dios u la Naturaleza, como decía el banderillero anarquista de ‘Sangre y arena’, escribieron derecho sobre una falsilla descolocada. Ay, aquel bichito de Sancho Rof, un político todoterreno famoso por reciclar las pelotillas de moco.

  7. Supongo que la justicia china, amen de expeditiva, será eminamente política: de cara al mundo, para proteger las exportaciones, algunos tienen que pagar el pato pero quien sabe si son los verdaderos culpables. Es una justicia de escaparate. Me temo que de justicia tenga poca. Quizás no sea totalmente inutil y sirva de lección a los que hubiesen hecho lo mismo de buena gana.
    Besos a todos.

  8. Lo de la colza es una verguenza: que no hayan los culpables explicado como habían llegado a eso PARA QUE LOS ENFERMOS PUDIERAN SER TRATADOS, es un error monumental de la justicia….. Y qué la ley no contemple que el castigo tenga que ser mayor si la culpa no es completamente confesada, me parece incoherente e injusto.

  9. duro fallo asi como dura sentencia, politicamente ejemplarizante y dos .nes hay que tener para aplicarlas, sienta precedente, pero mas delito tiene el sufrimiento causado a las victimas y sus familias a sabiendas de los efectos que causaria, y mas culpa aun si cabe para el que lo tapa a sabiendas, extraño en una cultura budista alejada del ojo por ojo musulman , pero justa

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