Un estudio que acaba de hacer público el Gobierno de esta apaleada nación, el “Estudio Antropométrico de la Población Femenina”, ha resonado como un aldabonazo en medio de la algarabía, en especial por esas tres notas agudas que vienen a ser en ese (des)concierto la clasificación de la hembra en tres categorías/modelos: el ‘diávolo’, el ‘cilindro’ y la ‘campana’. El motivo de la iniciativa no puede ser más prosaico, puesto que lo que se dice, al menos, es que el Poder se toma semejante molestia por ayudar a las hembras a sobrellevar sus cuitas en el probador, toda vez que, por una parte, la “moda” impone un modelo ideal prácticamente inalcanzable y, por otra, la industria jode el invento a base de trucar los tallajes para aliviar esas cuitas falsificándolos de manera adecuada, es decir, ofreciendo unas tallas falsas que atenúen la eventual mala conciencia de la hembra cuyas medidas excedan o no llegen a las que propone el modelista industrial. Se equivocará quien vea en esta preocupación por el vestido un objetivo banal porque la indumentaria de la especie no es sólo la imposición de una necesidad (combatir el frío, prestigiar la figura) sino un elemento cultural de alto valor simbólico como en su día explicó Barthes en un ensayo que no les recomiendo por su complejidad pero que marcó un antes y un después, a mi entender, en el enfoque del tema. No solemos pararnos a considerar que el cuerpo humano tiene su historia (véase la monumental obra dirigida por Vigarello y otros, disponible hace tiempo en español) como Maguelonne Toussaint-Samat demostró en su conocida historia que la tiene el vestido mismo, incluyendo el enigmático atuendo con que la fábula invistió al “Rey desnudo”. Es apasionante el asunto del cuerpo y su cobertura, igual que lo es el desnudo y, ya puestos a orientar lecturas, vaya recomendada para el caso la obra de Jacques Laurent “El desnudo vestido y desnudado”, me temo que aún por traducir. Una secreta corriente estética da y quita sentido tanto al cuerpo como a la ropa desde la Venus de Willendorf o la de Gnido a las astigmáticas modelos de Modiglian pasando por las venus y matronas rotundas de Rubens. Desmond Morris no sabía lo que estaba sugiriendo cuando tituló su famosa antropología “El mono desnudo”.
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De todas maneras, a mí al menos, me resulta algo paradójico que este liberalismo que nos invade se decida a intervenir en la intimidad del probador al mismo tiempo que hace el dontancredo frente a la crisis de los precios invocando una Mano Invisible que por lo visto puede actuar libremente con el acerico entre sus dedos pero no puede intentarlo en otros ámbitos empuñando los instrumentos adecuados. Aunque bien es cierto que, por lo demás, tal vez no hacían falta alforjas para ese viaje a cuyo término el viajero nos refiere que el morfotipo ‘cilindro’ predomina entre las pibitas, a ver, en la madurez el ‘diávolo’ y ya a en la cuesta abajo la puñetera campana. Y ahí es donde quiere meter la mano y la tijera el Estado protector, dispuesto a legislar sobre el tallaje mas o menos como desde la más remota antigüedad lo viene haciendo sobre pesos y medidas, trátese de áridos, de diamantes o de cerdos en canal. ¡Mira que si no está tan claro ese dogma invasor de la no injerencia, mira que si, al final, resulta que el intervencionismo no es renunciable no ya en la oficina donde el almotamid pesa el pan en la lonja sino en la intimidad del reservado donde la hembra esbelta disfruta su narcisismo y la exhuberante deplora su infortunio! El caso es que hasta a la hora de comprarse un sujetador o unos ‘jeans’ el Gran Hermano ha decidido no perder de vista a la humanidad desnuda, precisamente porque no se fía un pelo del propio Sistema que gestiona y al que debe su satrapía. Y tendrá que andar con cuidado porque bien sabemos que sólo hay una cosa que pasa de moda: la moda. Cualquiera sabe, por ejemplo, cual de esos tres morfotipos será el ideal de mañana.

16 Comentarios

  1. No sé, sr.gm, hasta donde llega su ironía ni donde acaba, pero me parece que elestudio que critica responde a una necesidad, supongo que estará de acuerdo. Y si es así debería rectificar como crea oportuno.

  2. Curioso: se ven fantasmas y no se ve el paisaje por la ventana abierta. Doña Merche es un buen ejemplo, y no ha entendido ni papa de esta graciosa y profunda columna.

  3. Bueno, haya paz de nuevo, que doñaMerche quizá ha leído sesgado lo que conviene leer derecho. ja se limita a glosar una intervención que no deja de ser un poquito llamativo que las mujeres acepten, como es eso de calificarlas de diábolos, cilindros y campanas… Creame, doña Merche, este hombre es incapaz de lo que usted insinúa.

  4. Hombre, vayamos al grano:lo que jagm trata de decir (y dice) es que un Gobierno sociata que se mantiene al margen de esta crisis galopantes por un prurito neoliberal (¡¡¡) se mete, en cambio en el probador. Me ha encvantado la imagen del acerico en la «mano invisible», lo malo es que más de un lector menos añejo que nosotros tal vez no sepa ya que ese ni para qué servía esa entrañable pieza de nuestras abuelas.

  5. Todo lo que no sea contrinuir a que la mujer asuma su imagen, la que sea, como una cuestión menor en su biográfía, no es más que perder el tiempo. Pero empezar por llamarle campanas y cilindros a muchas de ellas (a la mayoría) no me parece el mejor camino.

  6. Excelente columna, que nos emplaza a ampliar por la bibliografía citada, como en tantas ocasiones, aparte de dar una interpretación inteliogente de la dobles de un Poder que «interviene» cuando quiere y deja de intervenir cuando le conviene. Hay mucho fondo bajo esa superficie, Léala otra vez, doña Merche.

  7. Ayer viernes en su Charla de Huleva, sobre la Ilustraicón, de nuevo un quite por chicuelinas de este activista cultural incabnsable.Díganme si se les ocurre algún columnista capaz de partir de la ocurrencia de don Bernat para sacar esta magistral evidencia de las contradicciones de la izquierda actual.

  8. Me gusta la columna, perome quedo con ese título genial. Si yo fuera hembra, doñas queridas, estaría cabreadísimacon la nomenclatuira empleada por el ministerio para describir a las mujeres.

  9. Lección delos últimos días: partir dela anécdota (el bandolero idealizado, la idiotez colectiva del fútbol y su aprovechamiento político, la simpleza insultante de las feministas » de nómina: no deja títere con cabeza, este tío. Cada mañana empiezao ne el despacxho leyendo este divertido rincón en el que muchos días aprendo más que en el oficio. (Claro que una universidad, eso no es raro).

  10. Me gustan especialmente los comentarios irónicos de Chic, como el de ayer sobre la etimología de «marido»… ¿No podría saracrlepunta a tantas cosascomo ofrece lacolumna de hoy y regalarnos otro comentario similar? Ande, profe, no se haga rogar.

  11. Suelo entrar con miedo en este rincón internacional hallándome como me hallo perdido en estos montes. Cada mañana sin embargo me repongo pronto ante bla capacidad de este hombre paraextraer de una cosa pequeñita que ha visto o escuchado una lección magistral.

  12. Hoy también he de decir ‘amén’, tras tomar nota yo también de algunos libros citados. Nos hace leer este tío con la zanahoria de su guasa choquera.

  13. (Habiéndome rebautizado hoy con vino huelvano, prometo ser más azoriniana y menos brasa. Amén).
    La triple clasificación del Estudio Antropométrico de la Población Femenina es un atentado a la dignidad de todas las mujeres. Y de los hombres, si se solidarizan.
    Miliuna patochadas del gov. me parecen horripilantes.
    Poner orden en una estafa de los moderos o modisteros, que suelen abominar del sexo femenino, es acertado y era necesario.
    De esta estafa se derivaban infinidad de problemas psicológicos femeninos con mayor repercusión en adolescentes, el grupo más débil.
    ¿No era la Venus de Will. más un deseo, o deseo libidinoso del tallista que una realidad, posible preñez aparte?
    Agudísima la metáfora del astigmatismo de Modig. en el meridiano más habitual del ojo – del pintor, no de las pobres modeluquis-.
    Sembrao este Hombre. ¿Y cuándo no? Besos mil a todos.

  14. Lo de que haya un tipo de mujer llamado diablo (diávolo) me ha traído a la cabeza un trabajo que José Jiménez dedicó a la mujer fatal, recogido en la obra ‘La vida como azar’ (Barcelona, 1989). Comienza comentando una imagen de la película alemana ‘El ángel azul’ y señala que en ella hay «una fuerte carta de deseo: la mujer fatal es uno de los principales focos de atracción erótica para la imaginación masculina moderna. Pero, simultáneamente, también una intensa tonalidad de incertidumbre: la inseguridad de una sexualidad tan potente y tan poco controlabel por el hombre». Éste no puede escapar a su destino, no puede prescindir de la mujer, fuente de todo tipo de peligros. Tal vez por eso Morris no pudo evitar terminar escribiendo sobre ‘La mujer desnuda. Un estudio del cuerpo femenino’ (Barcelona, 2005).

  15. Sí, pero lo de la mujer, profesor Chic, era de una mediocridad sólo comparable al numerito televisivo que acabó montando con los años.

  16. Bonito lo de la Wiullendorf como proyección de deseo masuculino, pero insostenible, bienvenida Bachillera. Willendorf es la fecundidad, la mujer/diosa madre, el exvoto de la fertilidad, como lo prueba que es un casoi más entre los miles encontrados por la arqueología.

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