Históricamente el Poder ha procedido de tres maneras para imponer la censura sobre la libertad de expresión. La “censura previa” permite al que opina solicitar el permiso del censor y muchos entre los que escribíamos durante la dictadura podemos dar fe de que ilustres demócratas reciclados ejercieron eficazmente tal menester, en ocasiones hasta extremos cómicos. Un día que llevé a ‘Triunfo’ un reportaje sobre Abd.el-Krim, Haro Tecglen, que sabía de qué hablaba, me advirtió que el ministerio no tragaría con ese tema que funcionaba como un fantasma en la memoria del Caudillo, y en efecto, el original fue devuelto de modo expeditivo. En otra ocasión, un espíritu malévolo me regaló las galeradas tachadas con lápiz rojo de un libro mío sobre la ‘Septembrina’ que, en consecuencia, decidimos olvidar dormido en un cajón y si les dijera a ustedes quién fue el censor les daría un patatús. Pero tenía esa ventaja la “censura previa”: que podías retirar los dedos antes de que la cancela se cerrase. Luego vino la “censura posterior”, esto es, la ejercida una vez publicado el texto, lo que implicaba el grave engaño de vender la garantía de libertad de expresión sin declinar la potestad de impedir que se difundiera lo expresado y, eventualmente, la de enviarte al TOP para que calibraran el alcance de tu transgresión. Ahora no se manda al TOP porque ya no hay TOP pero todavía se recogen publicaciones de los kioskos y se empapela a sus responsables a pesar de que, en otros ámbitos, todo el monte sea orégano para los deslenguados. Y finalmente está la “censura judicial”, acaso la más inquietante y peligrosa para el régimen de libertades, no sólo porque implica a la Justicia en pleitos indeseables, sino porque su mera posibilidad constituye una amenaza latente para toda opinión cuando la acción proviene de un personaje de la vida pública. Nerón invitaba al suicidio a Séneca o a Petronio pero sólo al final. Entre tanto podían leerle la cartilla al propio César divinizado.

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La sentencia que ha condenado a Losantos quizá no sería tan alarmante de no producirse en un panorama en el que ya va siendo frecuente la acción de castigo ejercida por el político contra el opinador crítico. Antes que el alcalde de Madrid han intentado silenciar al crítico lo mismo el presidente de Extremadura que el de Cataluña, aunque ninguno de ellos haya llegado tan lejos como el de Andalucía cuando logró sentar en el banquillo, en el que resultarían absueltos, a los periodistas de El Mundo, simplemente por informar de un hecho que el juez daría por probado y exponer como obvias unas conclusiones jamás rebatidas. El caso es que, con independencia de la suerte de esos pleitos, no logrará el Poder nunca acallar una crítica sin la que la democracia sería sólo un decorado y el cargo público una patente de corso. No se discute, claro está, el derecho del político a defender su honorabilidad; lo que se cuestiona es el límite –amplísimo en nuestra jurisprudencia, todo hay que decirlo—de lo que se entienda por honor o intimidad de quien aparece instalado en la vida pública por encima de los ciudadanos del común. Lo que Losantos le dijo a Gallardón, por lo demás, no es sino lo que piensan y dicen millones de personas en España, y nada que pueda compararse con la intolerable impertinencia que soportó en plena TV –él sabrá por qué—cuando el hoy ministro Sebastián, entonces rival suyo por la alcaldía, puso en almoneda su vida privada de la manera más abyecta. Y ni Gallardón procedió contra Sebastián ni Chaves contra quienes ampliaron con creces la denuncia de El Mundo, ni ninguno de los dos logrará silenciar a quienes derivan su derecho a criticar al mismo orden del que ellos cobran y por el que ellos mandan. Me parece que era Pascal quien consideraba extraño ese celo que se irrita contra los que denuncian las faltas públicas y no contra los que las cometen.

15 Comentarios

  1. Querido maestro, nunca mejor utilizada la expresión de “maestro” después de leer el artículo que has escrito hoy, es tan importante la defensa de la Libertad que me atrevo a decir que incluso está por encima de la Amistad. Por eso me atreví a hacer público mi apoyo a los periodístas de El Mundo, Francisco Rosell y Javier Caraballo. Era demasiado lo que entonces nos jugabamos, y es demasiado lo que nos estamos jugando ahora. Pero no nos olvidemos que está en juego la Justicia, la Educación, la Cultura. Demasiadas cosas para que sean ignorantes, de uno y otro partido, los que estén gobernando la convivencia de los españoles.

  2. Amén a la columna y al comentario de don Isaiah. Incluso se puede discrepar del condenado y comprender que esa sentencia resulta peligroisa para la libertad de expresión. La democracia y la Libertad no son precisamente cómodas. Hay que aceptarlas a duras y maduras.

  3. No suscribo el estilo ni muchas de las críticas de J-Losantos, pero eso nada tiene que ver con que nos amordacen con una censura que veo poco probable que hibiera sido aplicada si el demandante o querellante hubiera sido un peón caminero.

  4. Una sentencia política: Se condena al adversario conservador, gana el poder autoproclamado progresista.
    Ningún magistrado debería pleitear con un ciudadano. Memos tratar de amordazar a un crítico.

  5. Losantos se merece eso y más, lo que no deja de ser compatible con las expresiones empleadas en la columna y por los blogueros. Si no se puede castigar un exceso de un crítico sin lesionar la libertad de expresión en general, se aguanta uno.

  6. No sé de qué se quejan, carcas puesto que la propia Asociación de la Prensa reconoce que FJL se ha pasado siete pueblos. Ese demagogo se merece mucho más que esa multa.

  7. Intolerable en una democracia, por más que haya que acatar el fallo. Es de Gallardón de quien se queja el personal. Ese personaje ambicioso y soberbio tiene que dar muchos disgustos todavía a la política española.

  8. Me uno al coro y al planto. Esta sentencia inaugura una vía de represión y eso es incompatible copn la democracia. Gallardón, nieto de el Tebib Arrumi, como el jefe sabe porque lo ha escrito alguna vez, e hijo de su papá tiene a quien salir. Es una pena.

  9. No soporto al sancionado pero menos soporto la limitación de las libertades en especial cuando se producen a petición de un poderoso. La agredezco una vez más su valor y su ponderación al columnista.

  10. Por Dios, cómo ha quedado Gallardon en este partido ( ahora que estamos
    metidos de lleno en lo de la pelota). ¿ Cómo puedes, Rajoy, tragarte esa?
    Yo de la Justicia no me atrevo a opinar, pero…. ” Ojú” que Losantos va a
    terminar convenciéndome.

  11. Cierto que escucho poco el loro. No me va la droga dura. Sin embargo, ¿y de quién no?, la COPE es una de mis veinte presintonías. A veces saltas de un botón a otro sin saber dónde vas a caer. Ergo, he oído alguna vez a FJL y como mínimo se le puede tachar de talibanismo radiofónico. <>. (Ya me puse stupenda).

    (fr d cntxt y de cbrtur: En caso de perder ante toda las instancias, sabemos quién apoquinará multas y gastos: los señores de morado y algún descuento en la nómina de FJL. ¿pero sabremos algún día de dónde saldrán los dineros de las costas del juicio que ha perdido la dignísima cooperante ante cincuenta y tantos medios de comunicación de tinte rosicler? (Ya me puse pedanta).

    {Pueden dejar de leer. Mejor, déjenlo. Luego no digan que no aviso.} Con la censura, como con los sindicatos de ayer se me viene a la memoria el chiste del perro:

    “El segurata vigilaba la obra acompañado de un bicho terrorífico. Cada día pasaba el borracho por allí y como hiciera la mínima parada –un pis, encender un cigarro- la fiera se iba sobre la valla frente a él y parecía la furia del infierno desatada.

    “Así una noche y otra. Y otra, y otra. Una, que iba más tocado de lo habitual, nuestro hombre se puso a regar el suelo de oro, pero no hacia la calzada sino contra la misma valla. Junto a la caseta, el rotweiler seguía echado plácidamente. Se asusta de pronto el borracho al percatarse de lo que estaba haciendo y se pasma luego aún más, al ver al animal convertido al ecopacifismo.

    “ – Oiga, amigo – se dirige al uniformado-. ¿Está malo el perro?

    “No – le contesta el vigilante-. Es que lo han hecho fijo.

    Moraleja.- Los antiguos censores son muchos ahora los nuevos autocensores. Para algo los han hecho fijos.

  12. Lo que iba entre , era la conocida frasecita: “Mataría a ese tipo por lo mal que toca le violín, pero antes me dejaría matar por defender su derecho a tocarlo”. No me digan que no soy stupenda.

  13. Sobre la censura en general ¿qué añadir a lo ya dicho? En cuanto a lo demás no sé qué podría opinar. No conozco “l’affaire” ni los contrincantes.Un recuerdo a todos.

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