El desempleo provocado por esta crisis recuerda esa hidra de las siete cabezas que se reproducían a medida que iban siendo cortadas. O eso parece oyendo a los portavoces de las diversas oposiciones (políticas, sindicales) cada vez que se anuncia la evolución del paro, últimamente no poco bonancible en términos relativos. Baja el déficit –ya andamos sólo en el nivel de las décimas–, decrece el paro, y se anuncia para finales de año una posible inversión de la tendencia o, al menos, el fin de la sangría. A nosotros no ocurre desde hace tres entregas sin que hayamos dejado de oír esos argumentos relativizadores que se aferran al hecho de que la precarización del empleo siga planeando amenazadora sobre nuestro mercado la laboral. Pero echemos una mirada alrededor para comprobar que en Francia, por ejemplo, un paro no tan agónico como el nuestro, sigue subiendo, sin embargo, de manera que el círculo cercano a Hollande se desgañita proclamando que la cosa no es tan grave y que también para final de año –la cifra parece tener algo de cabalística—es posible aunque no muy probable que se invierta la tendencia y todos, felices, comamos perdices. Anunciamos aquí que las cifras del segundo trimestre serán buenas y que las del tercero las superarán en bondad, mientras que en aquel gran país, según el ministro del ramo, Michel Sapin, se conforman con que no sea “un milagro ni una catástrofe”. Que me quede como estoy, Virgencita. Hay ocasiones en que compararnos con los grandes resulta estimulante o, cuando menos, tranquilizador.

En la sima hemos entrado en picado pero hemos de salir poco a poco, escalando trabajosamente cada posición, sin prisas ni pausas, confiados en que el daño ha de tener su fin tras la penúltima vuelta del camino. Es más fácil vaciar que llenar, y a esa filosofía hemos de atenernos si queremos ser discretos. La crisis pasará, sin duda, volverá el tiempo bueno, como en el sueño de Faraón, pero al revés, aunque me temo que nada vuelva a ser igual tras ella y hayamos dado, durante su episodio, un grave paso atrás. La recuperación es más lenta que la caída, igual que en el plano físico. Paciencia. Lo malo es que cuando pasemos revista, muchos se habrán quedado definitivamente atrás o al borde del camino y otros se habrán inflado. Y lo peor es que no las tengo todas conmigo en que hayamos sacado las justas consecuencias de este soponcio. La ideología hace milagros. Y en esta ocasión los hará también.

7 Comentarios

  1. No pida “justas consecuencias”, mi don JA. Para ello los que se dedican a la ‘dirigencia’ tendrían que ser inteligentes, coherentes y firmes. ¿Encuentra con su candil a un solo político que reúna estas cualidades?

    En según qué círculos el político tendría que pedir aquello de “Dile a mi madre que trabajo de echador en un puticlub, pero porDió no le digas que me he metido a político”.

  2. Tengo la impresión de que la mejora relativa pero cierta de nuestra crisis (exportaciones, recesión a una décima, bajada continuada del paro) no le hace gracia a quienes n o aspiran más que a volver al poder. Creo como el columnista que el buen tiempo volverá mal que pese a los catastrofistas.

  3. “Es más fácil vaciar que llenar”, sostiene don ja, y yo me sumo a ese criterio. Saldremos de la crisis, segura mente a paso trabajoso, luego ya más rápido y quién sabe –se ha visto varias veces– finalmente a ritmo rápido. Pero habremos dado un “grave paso atrás”, también de acuerdo, en beneficio del Sistema ése del que tanto nos habla esta columna. Sólo los grandes poderes económicos lo harán mejorados. Los chicos y los medianos habrán de hacerlo a duras penas.

  4. La crisis ha sido el gran instrumento del Sistema para eliminar definitivamente la aspiración del trabajador. Convertido el trabajo en un privilegio, una vez admitida la lógica del “ejército de reserva” del que hablaba Marx, tardará mucho en aparecer un nuevo movimiento obrero que no sea del corte de los sindicatitos trincones que tenemos hoy día. Ha perdido las mayoría incluso antes de acabar la operación. Sería cosa de ir pensando en NO perder la esperanza última.

  5. Toda hidra tiene su dragón. O su San Jorge. Esta del paro también acabará descabezada del todo y… nada volverá ser igual, pero iremos tirando.

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