Un profesor británico ha propuesto en un curso de verano un “pacto del recuerdo” como mejor remedio para salvar el “pacto de olvido” afortunadamente alcanzado durante la Transición. Pero las tristes esquelas mortuorias de ambos bandos siguen apareciendo en los periódicos diariamente en una demostración incontestable de que no hay posibilidad de romper el acuerdo de concordia sin volver al planteamiento abiertamente guerracivilista. Nunca desde hacía decenios se habían escuchado en España esos tristes epítetos, ni se había mostrado en su lacerante y fatal realidad un tremendo episodio histórico que aquí todo el mundo daba por superado, digan lo que quieran el Gobierno y los fosores, como precio de una paz que nadie podrá decir que no mereciera la pena. ¿O es que tiene más sentido volver a abrir la doble cicatriz sin más objeto auténtico que la lucha electoralista? El presente no tiene vuelta atrás como el pasado no puede ser actualizado sin grave tervigersación de la realidad. Quienes conjugan errónea o maliciosamente ese verbo vital van a verse, cuando menos se lo esperen, convertidos en meros agentes del odio y en sicarios de la venganza.

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