La mentira tiene las patas cortas, el camelo más cortas todavía. Vean a Delphi abriendo el portón en Tánger nada más cerrarlo en Puerto Real, como ya lo había abierto en Rumanía. ¿Por qué insistirá la Junta de Chaves en que estos bailes de activos nada tienen que ver entre sí y que sólo la casualidad explica lo que no es más que una deslocalización salvaje perpetrada por aquellos a quienes la Junta, entre otros, le habían untado generosamente los bolsillos? Delphi se ha quedado con la pasta de nuestras subvenciones, eso es todo, y una vez capitalizado ese beneficio ya tiene poco que hacer en este “primer mundo de tercera” que es esta Andalucía rica para los pobres y cara para los ricos. ¿Sabría algo Chaves, por lo demás, del proyecto marroquí, teniendo como tiene hilo directo con quienes dirigen desde la otra orilla estos pingües manejos? Esa sombra tangerina era la que le faltaba a una Junta que, en todo este proceso, ha hecho de mamporerra de los deslocalizadores y poco más.

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