Este mes comienza a regir el plan de la Junta de pagar más a los profesores de centros públicos que logren (no se explica cómo) mejorar el rendimiento de tal forma que logremos alejarnos del abochornante 37 por ciento de fracaso escolar que nos sitúa a la cola de la nación. Se pagará más con la condición de que se mejoren los resultados, esto es, hablando en plata, de que aumenten los aprobados al disminuir los suspensos. Un auténtico chantaje moral para una sufrida y mal pagada profesión a la que, encima, se le propone que se haga trampas a sí misma para aliviarse el presupuesto. El desdén por el enseñante, tradicional en nuestra dura sociedad, culmina en este dislate que supone ofrecer dinero al docente a cambio de lavarle la cara a un sistema que hace agua por los cuatro costados. 

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