Ha sido concluyente la sentencia sobre la huelga de basuras de Sanlúcar de Barrameda: los huelguistas se comportaron como salvajes y los funcionarios como comisarios de partido. Una doble vergüenza que acaso encubre el otro irreparable problema de esta siempre difícil gestión: el robinsonismo, la falta de preparación absoluta, de unos gestores que, como los que están permitiendo que la capital de Andalucía se vea sin taxis en Semana Santa y tal vez en Feria, demuestran lo peligrosa que es, llegadas las duras, la estrategia de partido basada en el apotegma borbollista de que “to er mundo vale pa to”. Peligra frente a la opinión un legítimo derecho de huelga gestionado por aficionados, desprotegido por la autoridad y manejado circunstancialmente por unos biempagados sindicatos. Dejar a Sevilla sin taxis en las “Fiestas Mayores”, por ejemplo, debería ser motivo para incapacitar a los membrillos responsables. Por supuesto, sn esperar a que los jueces digan, andando el tiempo, que unos o todos obraron en su día salvajemente o con prevaricación.

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