Van a acabar llevando razón esos escépticos que niegan la virtualidad del par derecha-izquierda y acusan de antiguos a quienes nos mantenemos en posiciones dualistas. O mejo dicho, van a acabar forzando esa razón unas circunstancias que, al contrario de lo que sucedió durante muchos decenios, andan imponiendo la similitud a las fuerzas políticas que se reclaman de uno u otro signo y obran, en consecuencia, bien desde el Poder bien desde la oposición, atentos y fieles a una misma partitura. La idea de que “derecha” e “izquierda” es un par de honda raigambre simbólica, que ha tenido en política durante mucho tiempo su correlato bien reconocible, se va debilitando hasta el punto de aparecer ya como un material arcaico sin trascendencia práctica, fuera de su capacidad –intacta, ojo a ese hecho—en el plano electoral. Me excuso de argumentos más demorados remitiendo a mi libro sobre el particular en el que defendí que la izquierda es un sistema de ideas proyectadas hacia un cambio radical de la sociedad mientras que la derecha, más que un “pensamiento”, es una “actitud” determinada a conservar más que innovar los fundamentos del orden existente. No se me oculta que la crisis actual de la democracia, ya advertida por Bourdieu y otros, decolora la tonalidad de esas dos opciones que, todo hay que decirlo, salieron seriamente tocadas de la polarización de la política vigente desde los años 20 hasta la caída del Muro, pero también es verdad que otra crisis, la actual, se ha encargado de liquidar febrilmente los restos de aquella dialéctica que hasta hace poco servía al común de los mortales para retratarse frente a la vida pública. En USA se persigue hoy a Obama por izquierdista , la Gran Bretaña de la “tercera vía” se ha convertido en la tumba del progresismo teórico y las encuestas muestran por doquier una invencible tendencia popular a confundir en un matiz único las opciones enfrentadas. Tras esta crisis, si salimos de ella medio bien, habrá que revisar a fondo el muestrario conceptual.

 

En España el caso es claro, al margen de ínfimas protestas marginales. Ahí tienen a la socialdemocracia en el Poder congelando las pensiones de hambre, retirando la ayuda de subsistencia que ella misma inventó o privatizando a calzón quitado el patrimonio del Estado para hacer caja y salir de apuros. ¿Por qué son de izquierda esas medidas –que dicen que resultan imprescindibles—si las dicta el PSOE y reaccionarias si las impusiera el PP? Personalmente veo en este proceso una razón más en el sentido de la unidimensionalidad marcusiana y creo, con toda sinceridad, que es a la sedicente izquierda a la que habría que pasarle esa histórica factura.

3 Comentarios

  1. Lector en su día de su libro “Hablar con propiedad”, ensayo sobre los conceptos derecha-izquierda, celebro que vuelva sobre este tema a propósito del cual se dicen tantas tonterías. Las “dos manos” siguen estando ahí, sin perjuicio de que wen muchos casos, ambas lleven cambuiados los anillos.

  2. Yo creo que sobre todo la izquierda, su discreto encanto estriba en la buena autoconciencia que regala, pues sabido es que derecha, o derechona, que diría Zarrías, es: clasismo, racismo, sexismo, fascismo, darwinismo, y todos los ismos que los popes progres endiñan a placer. Y claro no hay color

  3. Naturalmente una también leyó aquella Antología de frases de…

    Otro de los atributos de la izquierdona fue la facultad de conceder certificados de demócratas. O de vetarlo. Ju ju.

    ¿Darwinismo, sr. del Pozo? ¿No quiso decir otra cosa…?

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