Ya pueden disimular lo que quieran, pero no hay más que abrir los ojos para comprobar que, de hecho, ya conviven en el seno de la Unión Europea, dos Europas, la rica del Norte y la proverbial pobre del Sur. Cada euro que se pierde aquí cae en Alemania y ello explica –seamos sinceros—el estrecho marcaje que nos hace la Merkel, dado que aquel enérgico país reúne todas las condiciones que Max Weber (ver prólogo a su “Sociología de las religiones”) atribuía al capitalismo, y más concretamente en que dispone hoy por hoy de dinero al dos por ciento mientras por acá abajo, a causa de la dichosa “prima”, hemos de pagarlo al 7 por ciento o más. Alemania es un país reciente (no tiene más que un par de siglos) y es verdad que en ese breve tiempo ha sufrido mucho aunque no tanto como ella ha hecho sufrir a los demás, siempre a causa de su obsesión expansionista. Dicho de otro modo, resulta que el objetivo de liderar el continente que, incluyendo la franco-alemana,  no pudo conseguir en tres atroces guerras, va a lograrlo sin pegar un solo tiro por el sencillo procedimiento de agarrar por la gónada al baranda del BCE y apretar con fuerza cada vez que esa criatura se permite la menor concesión. Ésa y no otra es la verdad: que, al margen de los especuladores privados, Alemania es la gran beneficiaria de esta crisis casi terminal hasta el punto de haberse convertido, en el supergobierno continental que pastorea como quiere a los románticos defensores del soberanismo. Lo que se ideó para erradicar la guerra entre europeos ha servido, en fin de cuentas, para sustituirla por el dominio financiero. La fibra óptica se ha llevado de calle a la vieja metralla.
 
Pero aunque haya que reconocer todo eso, también es verdad que esas potestades no le tocaron a la Merkel en una tómbola sino que se deben a su astucia y fuerza de voluntad. Un ejemplo que basta y sobra: casi al mismo tiempo que en ella y Schröeder fraguaban la “Grosse Koalition” y ponían en práctica impopulares medidas de austeridad para combatir con tiempo la crisis que se adivinaba galopante, aquí se andaba diciendo todavía –supongo que lo recuerdan– que esa crisis era sólo el producto de las retorcidas mentes antipatrióticas. A quien madruga, Dios le ayuda, ¿no es cierto?, y al camarón que se duerme se lo lleva la corriente. Hegel explicó estos raros efectos en términos mucho más complejos pero que venían a decir lo mismo.

6 Comentarios

  1. MIENTRAS NO EXISTA UNA UNIÓN POLÍTICA (FEDERAL), NADA QUE HACER. ESTA CRISIS, UNA VEZ SUPERADA, PUEDE SER REPETIDA POR OTRAS.
    LO DE LAS TRES GUERRAS ALEMANAS ES MUY JUSTO, COMO EL RESTO DE LA COLUMNA.

  2. Esa es la dosolorosa realidad. No hemos pasado de “Mercado Común” a “Estados Unidos de europa”. Lo pagaremos caro, nosotros y ellos, pobres y ricos, porque no nhay dos econmías sino solamente una.

  3. Hasta casi ayer, los alemanes han estado pagando un Impuesto de Reunificación, extra. Son así. Pagan y callan. Luego exigen.

    Y lo que no podemos negar es que en este sur de los griegos, los italianos -il Cavaliere y sus orgías- y los hispanos hemos vivido años de vino y rosas, como si los euros llovieran del azul. Y llovían de Alemania, que pagaba sus impuestos.

  4. Estoy con dona Epi, Son los Alemanes que contribuyen ms en sostener Europa. Para ayudar a Grecia pagaron una burrada y los Griegos protestaban porque exigian ciertas seguridades.? No harian ustedes lo mismo si le prestaran un dineral a cualquier quisqui?
    Besos a todos.

  5. Este es un momento histórico para Europa: o la construimos definitivamente o nos damos por perdidos. No creo que los encapuchados que gestionan la ruina lleguen más allá de un límite en el que los perjudicados sería ellos. Lo que dice jagm sobre el negocio alemán es tan cierto como lo que insinúan doña Epi y doña Marthe.

  6. Con el ánimo por los suelos, me callo. Pero observo a la gente en la playa, “la ciudad alegra y confiada” de que tantas veces habla don gm, cxomo si nadfa estuciera ocurriendo. Dos Europas, qué gran pena. Estos mercaderes han devuelto el continente al pasado.

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