Han matado alevosamente a un lince en Aznalcázar y el consejero de Medio Ambiente, que tiene hechos sus pinitos de poeta, ha declarado in continenti que ese hecho constituye “un asesinato  contra la Naturaleza” (sic). Así se está descomponiendo el lenguaje incluso entre quienes, por estar situados arriba, más debieran velar por su conservación y rigor. Porque se comprende la vehemencia y hasta se acepta la millonada que se invierte en proteger a esa especie, pero nada permite justificar que se saquen las cosas de quicio hasta extremos tan extravagantes como llamar asesinato a la muerte de un animal. En cuanto a la alusión a la Naturaleza, valga la razón retórica de un consejero que quizá nunca debió cambiar la carpeta de versos por una cartera.

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