Nada más comprobable que la vigencia de la vieja consigna de partido: “Con las cosas de comer no se juega”. La prolongada crisis interna que, desde que su candidata perdió las “primarias” por el control del partido, ha venido dividiendo al PSOE andaluz se ha liquidado, como por ensalmo, en cuanto unas elecciones perdidas han enviado al paro a un buen puñado de discrepantes, de manera que de pronto parece que aquí no pasaba nada y en el profundo abismo que separaba a Sánchez de Susana no cabe ya un alfiler. Véase hasta qué punto marchan juntas la cohesión y la coveniencia, la ideología y la nómina, y de qué imperiosa manera la expectativa personal determina las opiniones partidistas. La verdad es que el PSOE-A viene rebotando de crisis en crisis y de reconciliación en reconciliación desde sus orígenes. Las paces actuales tienen tras de sí, desde luego, una larguísima experiencia.

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