No me acuerdo ya quien fue el primero de nuestros próceres en decir eso tan elocuente de que “con las cosas de comer no se juega”, pero a la vista está que la filosofía profunda del dicho ha calado hasta la médula nuestra política. Lo acabamos de ver en el Parlamento de Andalucía donde, tras las palabras encendidas y los brindis al sol, han sido rechazadas, una tras otra, todas las propuestas de austeridad planteadas al gobiernillo de la autonomía: nada de eliminar las “cesantías”, nada de prescindir de los privilegios de los ex-Presidentes, nada, en fin, de casi nada. La austeridad, para los otros, nunca en la vida pública. Griñán ha consagrado este precepto a pesar del millón tres cientos mil parados y de todo lo demás.

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