En los comedores gratuitos que organiza la caridad (creo que ahora se dice “solidaridad”) andan preocupados por el aumento constante de su clientela de “clase media”. Se ve lógica el hambre del pobre, o como se decía antes, del proletariado, pero la del ciudadano instalado en esa zona de nadie al que se refirió Aristóteles (“Política”, IV) al definirla vaga pero expresivamente entre la de los muy ricos y la de los que nada tienen. Ver a un emigrante o a un proletario en paro acudir a un comedor público escandaliza menos a nuestra generalizada conciencia pequeño-burguesa y, de paso, nos permite entender la profundidad de una crisis, tras la cual, según los expertos de “Cáritas”, lo que está cambiando no se va a recuperar. Está en crisis la ideología que ve en las clases medias una especie de colchón para amortiguar el conflicto social, y en España una suerte de estratificación ideal que aportaría al proceso de la vida el imprescindible equilibrio, lo que supone un regreso al análisis marxista que reduce la sociedad post-estamental a un par de clases enfrentadas cuyo encontronazo sería la única clave para entender la Historia. Hace casi dos siglos que Andrés Borrego defendió el régimen mesocrático como la solución del conflicto al ver en las clases medias (siempre en plural) un factor de integración que reduciría al máximo la tensión, pero no han sido sólo él o Pastor Díaz los padrinos de esa idea. “Las clases medias son víctimas de la concentración monopolística de la industria y de las revoluciones populares” y están destinadas a la proletarización: conservo en mis apuntes de Facultad este concepto tremendo que no vayan a creer que es de cuño marxista, sino de Manuel Fraga, que expresaba así la propensión de la dictadura hacia un régimen sustentado en esas clases medias. Hoy, en fin, una inexplicable ceguera de la burguesía financiera explicaría una crisis en las que, en efecto, la proletarización es la consecuencia obligada.

La sociedad desigual tiende por instinto al brusco contraste de los estados sociales mientras la conciencia y la estética mesocráticas acaba volatilizada en el comedor de caridad sin percatarse siquiera de su proletarización de hecho. Amos y tecnócratas están jugando con fuego. “Cáritas” atendió el año pasado a más de un millón de desesperados. Este es el mayor fracaso del Sistema registrado desde la Guerra Civil. Toquemos madera.

2 Comentarios

  1. Las clases medias fuertes garantizan equilibrio en la sociedad. Eso no quiere decir, como aseguraban los marxistas, que se renuncie ante la sociedad desigual, sino que se minimiza la desigualdad. Esta crisis se está cargando esa razón. Marx llevaba razón en que la gran burguesía es insaciable.

  2. Drsgraciadamente Fraga parece que tenía razón, aunque creo que se olvidó de responzabilizar primero a la banca. Besos a todos.

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