Una partida de cazadores que trataba de reutilizar un mirador de guardabosque abandonado hacia años encontró en diciembre pasado en su interior el cadáver de un hombre casi momificado. Posteriores averiguaciones han determinado que esos restos correspondían a Hans Peter Z., un parado de larga duración (no se pierdan el eufemismo calderiano) natural de Hannover que, abandonado por su mujer y tras agotar su asignación, habría decidido dejarse morir lentamente contemplando desde la vieja atalaya un paisaje que las crónicas califican de idílico. Durante veinticuatro días con sus noches, el esteta estoico no probó bocado, aliviándose apenas con unos sorbos de agua mientras anotaba en su diario, como en un protocolo riguroso, los progresivos efectos de la desnutrición en su cuerpo, los fallos de sus órganos o la ruina de su piel reseca, falleciendo, al parecer, sólo unas horas después de su postrera observación. Eso se llama morir sin hacer ruido, eso sí que es eutanasia elegida desde el senequismo de la libertad interior, aparte de esplendoroso testimonio de una sensibilidad irreprochable para la que la contemplación del paisaje hubo de funcionar como único paliativo. Lo que tal vez no pudo imaginar el hombre fue que la muerte convertiría ese diario íntimo en una mercancía por la que ya ofrecen cantidades que alcanzan “las cinco cifras” los buitres de la industria del ocio que ven en la lenta agonía del desesperado un espléndido tema para el entretenimiento. Hans Peter, el pobre, va a forrar a su prole, tal vez incluso a su esposa desertora, con una caudalosa herencia surgida de la miseria, una circunstancia que es también, por sí misma, un clásico del sadismo espectador. ¿Por qué seducirán tanto a la gente las parihuelas del entierro de caridad de Mozart, la leyenda de Cervantes sirviendo de palanganero en un putiferio o la desoladora mendicidad de Lope adulando a un duque de Sesa en procura de cuatro cuartos para ropa, candelas y resmas de papel? La respuesta no es en absoluto necesaria para que el negocio siga funcionando.
                                                                xxxxx
Se repite, pues, la antigua anécdota, el caso del hombre que muere en la pobreza ignorando el tesoro que tiene entre las manos u olvidado en el fondo de la gaveta. El chasco de un Van Gog fracasado cuya obra bate récords en las subastas un siglo más tarde, la fábula de Valle-Inclán encamado y manteniéndose con los azucarillos que afanaba cada tarde en el café, las duquitas de Quevedo suplicando beneficios o litigando por sus extraviados derechos, el sino canónico de ‘Max Estrella’ o el de ‘Silvestre Paradox’ vagando fantasmal entre las brumas de la desmemoria colectiva. Hay pocos mitos tan paradójicos como la bohemia si atendemos a los muchos bohemios que han legado una fortuna a sus causahabientes gracias a la especulación de un legado que en tantas ocasiones no estaba destinado a ese fin. Por ahí andan oportunistas revendiendo papeles de poetas que renunciaron expresamente a publicarlos, un negocio que tiene menos que ver con la cultura que con el fetichismo, pero que produce dividendos por un tubo, como tal vez acabe produciéndolos el diario de este suicida contemplativo que no tenía con qué pagar el alquiler cuando decidió inmolarse pero que a lo mejor (o peor) le pone un piso a su pollada o acaba montando en burra al consolador de su ex-mujer. No somos dueños ni de nuestra intimidad, cada día más asediada por las mesnadas de un curioseo que ha convertido en lucrativa almoneda, indiferentemente, la vida o la muerte. A Carmen Ordóñez la exhuma impíamente de vez en cuando esa canalla lo mismo que a Hans Peter Z. (¡parece un invento de Kafka!) van a aventarle sus horas secretas y sus contemplaciones los mercachifles de la alcahuetería. Duele imaginar esa agonía secreta que ahora se venderá en los grandes almacenes, ese otro bosque intrincado en el que el hombre se extravía voluntario en busca de una felicidad que le inventan a medida sus propios depredadores.

20 Comentarios

  1. Don José Antonio , al leer su columna me he puesto a llorar, no sé si de rabia o de pena.Qué mundo este capaz de dar cobijo a seres con sentimientos tan opuestos, unos tan altas y otros ran bajos….

  2. No comparto con el Anfi que ese desdichado Hans Peter Z. hubiera decidido dejarse morir lentamente como alentado de un senequismo reflexivo, ni siquiera como un mensaje de reproche al resto del mundo por haberle tratado con desprecio y olvido.

    Ese paisaje idílico que contempla desde su atalaya me ha traído de inmediato a la memoria la ‘casa amarilla’ de V V Gogh. Dudo que ese esteta estoico, como le califica el Jefe, estuviera en sus cabales completas, pues qué denota si no, el hecho de ir apostillando en su diario los efectos de la desnutrición, esa especie de notaría moribunda de su autodestrucción. No lo tengo a mano, pero el DSM-IV, ese catálogo de enfermedades mentales tan detallado que usan los psiquiatras, es más que posible que halle descripción del tal proceso.

    No estoy diciendo que fuera un loco. Un porcentaje muy elevado de las personas que nos cruzamos a diario en la calle también entramos en la clasificación. Tampoco afirmo que todos los depresivos (reales, no frívolos) sean suicidas, pero sí que prácticamente todos los suicidas, incluso los más lúcidos y serenos, se hallan inmersos en alguna forma de depresión.

    (Fuera de cntxt: los sábados y domingos, previo paso por ventanilla, leo a fondo EM del S XXI de A y de los GG. EE. EE. Juraría por Snoopy que los editorialillos de la pág 6, y hasta alguno de la 3 de hoy, salen de la pluma de este Anfitrión estajanovista que además de los títulos que acumula, bien podía recibir la Gran Cruz del Mérito al Trabajo Intelectual, por los millones de páginas leídas y los cientos de miles escritas.)

    Sus lágrimas son el testimonio de su noble sensibilidad, madame. Pero cuide un poco donde las deja caer, porque podría ser que aquí no faltase alguna hiena que las coreara con su risa perversa.

  3. Hace tiempo que no me importa la risa de las hienas.Solo me importa la opinión de la gente que respeto….Y hoy no estoy de acuerdo con usted , doña Bachillera, porque es fácil achacar a la enfermedad un acto extremo deliberado. Hay médicos que cuando una mujer se pone nerviosa, o monta en cólera, preguntan si es que tiene la regla, otros que explicarían mis lágrimas de ahí arriba como algo hormonal, y así sucesivamente.¡Qué fácil! ¡Qué cobarde!
    Naturalmente, supongo que Hans Pater Z no tendría del mundo una visión muy optimista,y que tenía que estar completamente desesperado ¿y qué? Le quita eso nobleza a su gesto? “Senequismo reflexivo” me parece certero, y no “mensage de reproche al resto del mundo”. Su acto va más allá: el hombre se apartó del camino para morir.Lo que me impresiona es la voluntad, la soledad y el lado estético.Más impresionante que si hubiera bebido cicuta.

  4. Hace muchos años, muchísimos, merendamos una tarde en Madrid el Anfi, el padre Aguirre (futuro duque de Alba) y un servidor. Fue en una cafetería allá por Diego de León donde se nospuso en las manos, recién salido del horno editorial, un libro breve pero intenso, firmado por un tal Benjamin, titulado “Hachis”. En élse contaba la experiencia “protocolizada” de los maestros de la Escuela de Frankfurt (Horkheimer, Adorno y demás) sobre sus experiencia de fumadores de hachis. ¿Llamaríamos locos a aquellos monstruos sagrados por “protocolizar” los resultados de una experiencia cuyos resultados sobre el organismo desconocían por completo, pero cuyos efectos dejaban entrever una severa acción sobre el sistema nervioso? (Esta nota va dirigida a Bachillera, y a nuestra nostalgia).

  5. (Esto ha ido todo eldía lentíiiiiiiiisimo).

    El cuadro es emocionante,la lección de gran interés. No me parece fuera de lugar considerar estoico a ese suicida, ni me parece que el suicidio sea necesariamente efecto de la enfermedad mental. Por el resto, precioso cuadro, emocionante historia y gran moraleja: no sabemos lo que tenemos entre manos ni lo que nuestro haber valdrá en las de nuestros sucesores. Me ha encantado, no digo más.

  6. Mi connmiseración más cercana y afectuosa por ese alma libre, tristemente atribulada, acorralada, pero capaz en última instancia de enfrentarse al destino. ¿Un cura defendiendo el suicidio? No, por favor. Sólo quiero pedir respetro para un desdichado –como tantos millones–al que ja trata con su reconocida (y escondida) piedad.Después detodo, entre una muerte “brava” y otra contemplativa, elijo la segunda. No veo contradicción en ello. Cristo vio con serenidad como se avecinaba su muerte (la anuncia varias veces a unos discípulos que no lo comprenden) y no pore eso cabe llamarle suicida. Me ha parecido memorable la pintura y el razonamiento.Don josian tiene usted enm mí, como sabe, un amigo y, sin embargo, gran admirador.

  7. No destruyan la poesía de la columna, por favor, no arañen su fuste con elucubraciones. El pobre Hans Peter fue un hombre de una pieza y, encima –ahí es donde jagm ve la paradoja instructiva–, resulta que tenía un tesoro en su pobreza. Ojo cada cual con el suyo.

  8. Una muchacha amiga mía, sin grandes problemas que yo supiera, se dirigió un día a un lugar apartado en la sierra de Guadarrama y se durmió para siempre, supomgo que contemplando el paisaje. Yo mismo vi pasar un atardecer, estando en una playa del Sur, una escuadrilla de aviones que iban (según decían) rumbo a Irak, y me quedé allí un par de horas tentado de dormirme también, como mi amiga, con el mar plácido meciéndome como una placenta imposible. No lo hice, evidentemente, pero nunca he estado seguro de si mi decisión fue acertada o no lo fue tanto.

  9. Tienta dejar cada cual su batallita, pero omitiré la mía para decir tan sólo que el mensaje de jagm es tan curioso como bello, además de llevar su moraleja de aúpa escondida entre sus pliegues. Por otra parte entiendo que se postule la enajenación del suicida pero no que se excluya del género la posibilidad del espíritu libre y estoico. No entiendo por quénegar a los demás lo que admitimos y, en cierto, modo admiramos en Séneca o en Cleopatra y en tantos otros personajes.

  10. Lo del suicidio (idealizado, como éste que pinta con mano maestra gm, o realista) va por barrios culturales. En el área judía tradicional (bíblica) no se contempla, aunque haya judíos célebres (no daré nombres) que pusieron fin voluntariamente a sus vidas. Tampoco en el área primitivase oserva siquiera la idea. En Roma, en cambio, se generaliza. Hay cien ejemplos distintos, lo que prueba mi aserto inicial. Hans Peter Z. pertenece a una cultura en la que el suicidio es admitido como algo indeseable pero concerniente a la libertad personal. Mirémoslo así y conservemos la visión del bosque al atardecer, tal vez otoñando en tonos ocres con sus manchas de rojo fuego… Pensándolo bien, me apuntaría si tuviera valor.

  11. Está de moda el suicidio por Internet, del que ya habló aquí jagm. ¿Se puede comparar esa estúpida tragedia con la decisión –sí, senequista– de nuestro amigo arruinado? Yo creo que no.

  12. Me ha emocionado mucho el asunto, y me ha hecho pensar la brillante moraleja. Tratar suicidio y herencia en 600 palabras, aunque sea con la libertad del articulista, me parece una prueba de la capacidad, rayana en la osadía intelectual, de nuestro amigo.

  13. ¿”Por qué seducirá tanto a la gente”… la desgracia humana?, se pregunta jagm. En esa pregunta veo el centro de sus enfoque:quiere avsiarnos sobre la condición humana en lo que tiene de sádica. Sin eso no fuera así no existiría al “reality show”, ni dentro ni fuera del espectáculo.

  14. He visto al amigo ja emocionarse una vez cuando alguien nos hablaba del suicidio de Paul Celan en París,y me consta su preocupación por la modalidad informática que acaba de aludir Max. Creo,sin embargo,que ni el columnista puede pretender extralimitarse al ensayo ni los blogueros llevar su comentario al rango de glosa formal y, en tantos casos, superadora del tema y enfoque propuesto. Una cosa es comentar con libertad y sin formalismos (en ese este blog es ejemplar) y otra confundir nuestro papel y el del articulista que sale cada día a puerta gayola.

  15. Mejorada, más tranquila, ¡más gorda!, más vieja,más amargada…pero aún viva, me sumo al casinoal que no dejo de acudir en silencio cada día para daros las gracias por estas reflexiones tan limpias como inteligentes. No negarñe que me encuentro en el colecvtivo que alguna vez coqueteó con la autodestrucción, pero la verdad es que este mundo ya se encarga de destruirnos sin necesidad de nuestyro concurso. Don josian, me ha emocionado, como en sus mejores tiempos, aquellos de las veladas frente al Guadarrama (hoy nombrado ya), con los álamos amarilleando allá por la Moncloa, y unaleve bruma del río que vos nos ensañaba que podía descubrirse con cierta atención levantándose hacia la Casa de Campo… El tiempo no vuelve, che, hay que ser corajudo para plantarle cara.

  16. Ese hombre era un ser libre. Cuando voy á ver a mi abuelo a su residencia pienso en escenas como las que jagm cuenta hoy. Para eso hace falta tener cojones, nada más, nada de enfermedad ni de locura. Cuando quiera Bachillera lallevo un día a ver a mi abuelo y a los que están con él en su refugio… ¡¡¡¡¡de lujo!!!!, encima.

  17. Honor a Hans PeterZ.y con éla todos los que se vieron abocados como el a elegir entre el fin o la desesperación.

  18. No somos nadie para juzgar a otro.Considerar sus tragedias como lo ha hecho hoy jagm me parece ejemplar. Pocos columnistas “interesantes” dedicarían en plena campaña su espacio a defender a un señor del expolio a que fue sometido en un país que ‘regiamente’ absuelve a los estafadores saltándose al Supremo. Y menos a un desgraciado que se dejó morir en un mirador de guardabosque contemplando la otra cara de Dios.

  19. Permítame que le exprese, un poco tarde, el gran aprecio con que valoro su columna de hoy. Lo que otros han dicho ya en su elogio, lo callo por sentido de la discreción, pero sepa que somos muchos quiene cada mañana abrimos el periódico por la página 6 para ir derechos a su conversa.

  20. Si consideran que debo pedir disculpas por enfocar el tema con deformación profesional, pedidas están. Protocolizar los resultados de equis fumadas tiene mucho de método cientifico, pero me hablan de una época en que se sabía nada o casi nada de receptores cannanbinoides. Hoy es más que posible que el librito se considere, en medios científicos, una antigualla. Desde el punto de vista sociológico o antropológico puede seguri siendo válido en muchos aspectos. Aventuro. Exponiéndome como tantas veces a la colleja, que siempre admito por atrevida e ignorante.

    Igual ocurre con términos muy usados, cuyo actual significado está lejos del que tenían cuando empezaron a utilizarse. ¿He hablado alguna vez de las oraciones monjiles ‘contra el aburrimiento’? ¿Cómo defirniríamos hoy el ‘vacío espiritual’, ‘noche oscura del alma’? Me temo que un evangelio actual no podría ya considerar endemoniados a los que padecían ‘le grand mal’, como Galeno no podría hablar de bilis negra (mélanos, xolía -collejas, si proceden-) como origen de la melancolía.

    Y no se trata de testiculina, mi paradójico don Zángano. Tal vez usted no lo sepa, ni nadie, pero más de una muerte ‘natural’ de los geriátricos podría darnos sorpresas tras la necropsia que no hay por qué hacerles a personas tan mayores.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.