Resulta inaceptable el escándalo destapado por la nueva dirección de la entidad sevillana Cajasol sobre las operaciones de desinversión por debajo del precio real llevadas a acabo por sus predecesores. La Justicia dirá lo que tenga que decir, por supuesto, pero de momento no hay duda de que esos manejos indican hasta qué `punto el primer instrumento financiero de la autonomía está en manos de plenipotenciarios de la Junta y su partido, que sólo ante ella responde, por lo visto, dado que sus respectivos consejos y órganos de control, interno son, a su vez, órganos cooptados por los partidos políticos y sindicatos, y, en consecuencia, dependientes en mayor o menor mediad de la fuerza que los designa. Nadie espera milagros en este terreno, pero el escandalazo de Sevilla –el grupo empresarial participado puesto en almoneda– debería provocar por lo menos una bronca política.

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