Nadie está enteramente a salvo del lapsus freudiano. Lo ha demostrado el gazapo del presidente Griñán al reconocer en sede parlamentaria la “maldad” de ZP aunque fuera para decirle, con razón, al PP, que ese vicio ajeno no implicaba necesariamente virtud para el oponente. Pero me parece injusto cargar contra Griñán –cualquiera sabe lo que le habrán dicho ya desde arriba—porque la verdad es que ese mismo criterio se afirma cada día que pasa dentro de las propias filas del PSOE, en unos casos porque la evidencia se impone, en otros porque peligra el condumio. Griñán ha estado en Madrid y tratado a ZP desde arriba durante años, lo que explica muchas cosas. Entre ellas la que revela ese tropezón dialéctico que, sin duda, hará historia.

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