El fiscal de la Audiencia Nacional se ha opuesto, con un criterio que seguro que le aplaudirá el común de los mortales, a que el informático Hervé Falciani que debeló el infame secreto bancario suizo ayudando a España, Italia y Estados Unidos, sea extraditado a Suiza desde donde le reclama una Justicia plenamente concorde con su banca. Falciani se defiende con el argumento de que en 2008 él ya avisó a su gran banco de los fallos de seguridad que hacían posible desde el fraude a la financiación hasta el terrorismo, y que recibió lo mismo que de la propia Justicia: nada. Y fue entonces cuando el “secretario” sacó al exterior datos que, según el propio fiscal, “darían para llenar un tren” y que sólo en España permitió al Estado recuperar cientos de millones depositados en el paraíso por nuestros distinguidos evasores. Es curioso que los críticos de esos “paraísos” excluyan a Suiza, que es el mayor y el más clásico de todos ellos, como lo prueba que hasta nuestros reyes mantengan sus fortunas ocultas en aquellas cajas, lo que ha permitido a aquel pacífico país vivir de ese negocio que cuando se produce en las Caimán o en Gibraltar denostamos. Si España acaba extraditando a ese buen ladrón quedará definitivamente en claro la connivencia de los poderes –de los Gobiernos y de las Justicias—con los mercaderes y custodios del dinero negro, ese magma repugnante en el que la pasta evadida se confunde con la de los narcos, con la del negocio de las armas y con la de la prostitución. El secreto bancario suizo es un escándalo en este mundo globalizado y quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón. Ser fiel como empleado a esas empresas es ni más ni menos que ser cómplice.

El Sistema se hace trampas a sí mismo para sobrevivir y una de ellas es la de permitir que la rectitud del negocio se quiebre allí donde conviene a la rapacidad del evasor y de los delincuentes. Quien no tiene una cuenta secreta en Suiza no es nadie pero es obvio que mientras esa trampa exista no sólo los prófugos de Hacienda, sino los criminales más abyectos, tendrán refugio asegurado. Hasta en el Vaticano se blanqueaba dinero sin reparar en su inmundicia al menos hasta que el papa dimitido decidió cortar por lo sano. Reyes, políticos, mafiosos, proxenetas o mercaderes de guerra tienen sus alcancías a buen seguro. Denunciar eso no puede ser perseguido sino honrado en una democracia que se precie.

5 Comentarios

  1. Pues no las tengo yo todas conmigo, querido ja, porque el sistema es muy poderoso. En eso estamos de acuerdo. Me ha gustado mucho lo de «el buen ladrón», da tanta resonancia evangélica…

  2. No se entiende por qué el Gobierno no publica las listas de evasores y sus correspondientes sanciones. ¿O será que no puede?

  3. Los paraísos son más imprescindibles si cabe para el capitalismo ahora que la economía es global y que los negocios han crecido exponencialmente. No habrá quien acabe con ellos. ¿No ve que en España el padre del Rey tenía una cuenta suiza y el gerente del PP otra y mire usted por donde mire le saldrán otros cuentistas? El flujo de dinero de estos años pasados no cabía en las cajas «blancas». La transparencia es un lujo del pobre. También del asalariado, que se atiene a una nómina.

  4. Si el Gobierno español entrega a ese hombre quedará en evidencia. Una evidencia redundante, claro está, pero demoledora para su prestigio. La gente no es tonta (del todo).

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