Una noticia de alcance nos trae desde Burdeos la buena nueva de la reconciliación de la familia Bettencourt, es decir, del cierre del contencioso que enfrentaba a la heredera de L’Oréal, Liliane Bettencourt, de 88 añitos, con su hija Françoise, a causa de la prodigalidad con que aquella andaba repartiendo su fortuna (sólo a un fotógrafo amiguete y mucho más joven le había regalado en los últimos años un miliardo de euros) al dictado de su capricho. ¿Ustedes conocen muchas herencias que, sin mayores problemas y tensiones, hayan llegado a buen fin? El ingenioso hidalgo don Eduardo Miura suele preguntar cuando alguien se refiere de unos hermanos que se llevan muy bien: “Bueno, pero han partío ya o todavía no?”. La herencia es una prueba difícil, definitiva acaso, que pone a prueba a los seres humanos enfrentándolos sin ambages –cosa que no escapó a los anarcos decimonónicos cuando planteaban en sus congresos la abolición de ese derecho como un objetivo prioritario de aquella revolución suya que pretendía ser tan humanista—y tantas veces sin remedio a pesar de la minuciosidad y concreción del derecho hereditario. Mala cosa, la herencia, a pesar de su lógica aplastante, pero no, seguramente, por culpa de ésta sino por efecto de la ambición de la que mucha más gente de la postulada suele ser víctima irredenta. Y ése ha sido el espectáculo que durante estos tres últimos años han dado esa madre y esa hija (o al revés, mejor), una haciendo gala la primera de una concepción enteramente realenga del capricho y parapetada la otra en la idea, tan común, de que el derecho decrece con la edad de manera que los ancianos deberían ver limitada su capacidad de decisión patrimonial que suele ser, por otra parte, cuando las circunstancias concurren, lo poco que les queda. A ver por qué no iba a poder enchularse esa vieja dama y tratar principescamente a su favorito justo en una era en que los hijos reclaman para sí toda la libertad del mundo. Yo me he sentido en este largo pleito más al lado de esa vigorosa valetudinaria que de su reivindicativa heredera.

 

Mala cosa la herencia, ya digo, por más que acumule prestigio la institución, al menos siempre que el que recibe no vea eso que le cae de bóbilis como la “herencia del mérito” –fórmula que debo a Rafael Atienza—sino como un mero privilegio al que no lo ata más que el imperativo del beneficio. Bienvenida sea la noticia de la reconciliación, siquiera formal, de las Bettancourt, pero palabra que la función que han representado años tras año disputándose los miliardos sin miramientos ha recordado más que nada a la comida de las fieras.

14 Comentarios

  1. Entre la prodigalidad de la viaja dama y la ambición (explicable) de la heredera, no sé a qué atenerme, la verdad sea dicha. Debería haber un límite para la disposición de la fortuna por parte del «viejo», fácilmente influenciable y siempre mabjo el riesgo de pérdida de capacidad. Pero tam´bién hay que pensar en que la fortuna es suya, en principio, a poco que respete lo que es de los herederos. En lo que coincido con el autor es en que la herencia es mala cosa.

  2. Si a la dama le hubiere gustado gastarse todo el dinero en el casino o desheredar a su hija y dejar su fortuna a su perro o a las hermanitas de los pobres me parecería perfecto…..
    Ahora lo que habrá que tratar son «los daños colaterales»…..
    Besos a todos.

  3. Ese límite de que habla Robert está perfectamente establecido en el derecho de todos los países de nuestra órbita. Lo que me parece arriesgado es limitar la capacidad de disposición del administrador de su propia fortuna en razón de su edad. Los Juzgados están llenos de alegaciones de incapacidad contra vtestadores que estaban tan cuerdos como usted y como yo. Estoy con don ja en que, con las salvedades que sea meneter enunciar, la herenmcia es «mala cosa».

  4. El asunto Bettencourt tiene todo el aspecto de ser un chuleo al que han sometido a la vieja dama, y eso que el chulo es de la otra acera. Me explico muy bien el cabreo de la hija, no sólo por la ruina sino por el espectáculo que ha dado la señora. Las cosas como son.

    Post data: ¿Qué pensará el Abate de la herencia? Tengo mucha curiosidad.

  5. Discrepo, don Rap. La que ha dado el espectaculo es la hija, pagando a la servidumbre para espiar a su madre y aireando en la plaza lo que no habria debido traspasar las puertas de casa. Supongo que con lo que quedaban, mas o menos , tenia para vivir….

  6. La herencia, en cuanto beneficio gratuito, no conquistado por el esfuerzo propio, no debería causar problemas y, sin embargo, lleva razón el jefe al decir que la experiencia demuestra lo conflictiva que puede ser su administración. Ha habido grandes guerras sucesorias y grandes tragedias familiares a causa del maldito parné, pero me temo que lo que se discute en el caso Bettencourt es más que nada la limitación que los jóvenes desean que se aplique al anciano, al que se supone un ser accesorio, que está de más y cuyas facultades se imaginan limitadas. Y eso no es justo ni razonable. Yo creo que la herencia debería excluir automáticamente al que discute el derecho del testador y al testador que incumple maliciosamente ese derecho.

  7. Encuemtro romántica, que es lo suyo, la postura de ja, colocándose al lado de la vieja dama libre y frente a su hija apalancada en el derecho. Pero comparto el criterio y no dejo de preguntarme el motivo por el que ahora, de pronto y sin aparente motivo, el pleito se acaba (al menos el privado) y parece que van avivir felices y a comer perdices ambas, que desde luego no les va a faltar pasta para ello. Quien reirá encantado será el fotógrado, ese chulo imposible dadas las circunstancias, y algún que otro administrador que se lleva entre las uñas lo que puede. Historias de ricos, siempre tan aleccionadoras. Siempre la literatura las prefirió a las de pobres.

  8. Después de la siesta veo no veo con más claridad la difícil cuestión: ¿La madre arbitraria y dilapidadora, la hija exigente y ambiciosa tal vez?

  9. Viejon tema, mítico por supuesto, como bien sabe jagm, apasionante siempre. Me ha gustado el recuerdo de las diatribas obreristas del XIX –¿quién se acuerda ya del Congreso de La Haya…?– pero todos sabemos que sobre ese particular de la herencia los que dudan y refunfuñan son legión. Este caso ha sido escandaloso aunque la prensa española, que lo ha ofrecido, no lo haya destacado mucho. Aquí interesa más, de momento, la sociobasura local.

  10. Como padre heredable estimo que los hijos tienen derechos dagrados por los que es forzoso velar. Una vez dicho esto añadiré que, no sé si en Francia, pero en España la solución podrían haber estado para esa vieja dama en dejarle la legítima a su hija y que le fueran dando morcilla a ella y a los ambiciosos que puede que lleve detrás. Si señor, hay que decirlo, la herencia es justo reconocimiento al mérito de quien logra la fortuna pensando en sus hijos también, pero no deja de ser dinamita en manos de la ambición. Efectivamente conozco muchos casos, muchísimos, en que han terminado como el rosario de la aurora. La frase de Miura me parece expresióin de esa sabiduría mpopular que tienen los del campo, tantas veces superior a la de los urbanitas.

  11. La herencia tiene dificil manejo dada la condición humana. Ni puede ser expuesta a la prodigalidad del testador ni a la voracidad de muchos hijos que hay pro ahí. Me pregunto pro quñé esa dama no podía tener y pagarse un capricho cuanso con toda seguridad la hija se los habrá pagado o podrñía pagárselos sin que nadie objetara nada. El caso ha sido una verbena, no hay duda, y una vergüenza un poco para todas las partes.

  12. En la vida, como en la música, todo tiene su «tempo». Ay del músico que convierte el adagio en andante o el allegro en presto. Caos orquestal.
    Pues para la familia , la tribu, la sociedad, existe también un tempo.
    La bisabuela nonagenaria que dilapida la fortuna FAMILIAR , de la que es sólo depositaria y administradora (su marido, padres y abuelos no proyectaron ese patético final para sus bienes) , y se compra un bibelot que puede ser su nieto, para prolongar así un espejismo de juventud, está poniéndose en ridículo , lo cual para su familia tiene que ser bastante triste, no sólo desde el punto de vista crematístico. Que también.

    Doña Cayetana y su juncal funcionario , imagino que excedente, porque viajan mucho, tienen ese mismo perfil de la partitura descompensada. Imagino a sus hijos en permanente vigilia y zozobra. Imagino a sus administradores y abogados en alerta igualmente. Aunque prefiero no imaginar a los tórtolos en privado, porque soy sensible de estómago.

  13. Me parece que Lina ha puesto las cosas más claras y suscribo cuanto dice en su nota anterior. Una vieja dama es eso, una vieja… por muy dama que sea, y cada edad tiene sus exigencias así como tiene sus derechos. Lo de que la fortuna es familiar, coo resalta, Lina, es bien cierto por más que pueda no serlo (sí lo era ne el caso Bettencourt), pero todo ello no quita, sin embagro, para que veamos en la actitud de ciertos hijos exigentes algo más que un prurito de decencia y seriedad.

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