El puente que el valenciano Calatrava va a trazar sobre el Gran Canal veneciano está dando lugar a un encendido debate que va mucho más allá de la bronca reaccionaria de los partidarios de la Liga del Norte y los “camisas negras” de Alianza Nacional para los cuales el interés de la ocasión es estrictamente partidista. El transporte de su cubierta a través de la Laguna y, en especial, su paso bajo la horca simbólica del Rialto, lo mismo ha sido celebrado por una muchedumbre entusiasta que ensombrecido a la luz de las bengalas por el griterío de la oposición, pero lo cierto es que Venecia acaba de dar un paso importante en su reconocida estrategia urbanística al permitir una intervención modernista tras un largo periodo de resistencia al cambio por parte de quienes, no sin buenas razones, ven en la ciudad una suerte de vieja dama intocable sobre cuya imagen delicada podría resultar irreparable el contraste de los estilos. Hace mucho que esta porfía se mantiene y hay que reconocer que, tras ciertos abusos perpetrados en la postguerra, no resultaba difícil encontrar argumentos a quienes pretendían mantener intacta la joya heredada del pasado y quienes argumentaban que carece de sentido perpetuar una ciudad-museo ahogada en el “acqua alta” de su propia identidad. Un genial veneciano de adopción, el ruso-americano Joseph Brodsky, ya dijo en su memorable balance sentimental de la ciudad, que la nueva arquitectura había provocado más daño al paisaje urbano europeo que todas las ‘Luftwaffe’ reunidas, una colosal ocurrencia que, toda hay que decirlo, tal vez reprodujo modificada de otra similar que en su momento lanzó el denostado príncipe Carlos contra la catástrofe debida a la especulación. Pero la opción parece tomada a juzgar por la opinión del alcalde Cacciari de que “se puede y se debe construir arquitectura contemporánea” en una ciudad que ya habría perdido la ocasión, según él, de abrirse a novadores como Wright, Kahn o Le Corbusier, vetados en su momento por el fundamentalismo conservacionista. Seguro que a muchos amantes de Venecia se les abrirán las carnes sólo con imaginar roto el embrujo tanto como se le alegrará la pajarilla a más de un especulador y a más de un iconoclasta. La extraña deriva de la Bienal en sus manifestaciones más banales bien podría servir de aviso a los navegantes, a ser posible antes de decidirse.

xxxxx

En realidad lo que planea sobre Venecia no es sólo el riesgo de su desnaturalización sino el peso de un modelo de ciudad desbordada hace tiempo por el turismo masivo. El puente de Calatrava, instalado en una zona degradada –entre el Piazzale Roma y la Ferrovia, las dos únicas e insípidas intervenciones del siglo pasado– no va a alterar el gran paisaje ni para bien ni para mal, pero es indudable que puede constituir un precedente de gravedad imprevisible de cara a un futuro en el que, necesariamente, habrá que revisar muchas cosas en la ciudad, antes de hermanarla con Estambul, señaladamente la del propio modelo de ciudad que se está demostrando obsoleto bajo el peso de la avalancha turística y la consiguiente visión unidimensional de la vida colectiva. Los cambios que registra históricamente la piel de las ciudades no son separables de los que se producen en el trasfondo de su organización, y la historia de Venecia –la ciudad medieval que convive con la renacentista o la ilustrada, por no hablar de la romántica– bien puede que sea la mejor ilustración de esa propuesta. Brodsky no tendría gran cosa que objetar, seguramente, al nuevo puente, allá por Santa Lucía, pero llevaba más razón que un santo a la vista de algunos irreversibles mamarrachos que nos sorprenden aquí y allá en nuestros paseos por la ciudad soñada. Esos ruidosos reaccionarios no tienen razón bastante para chafarle a Calatrava su preciosa ocasión. La tienen, y de sobra, quienes sostienen que la ‘Luftwafe’ no avisa.

6 Comentarios

  1. “Intervenir” en Venecia es una locura, un atentado, y si el alcalde dice eso, pues será que es otro loco de la cuerda.

  2. Al sr. gm le gustaría que el mundo se parese, no solo Venecia, que nada cambiase y todo siguiera igual. Los conservadores son así, los reaccionarios son la misma cosa.

  3. La frase de Brodsky es genial, la diga él o el príncipe Carlos. Se han dicho otras peores, pero esta describe a la perfección los efectos de la acción insensata muchas veces. En Viena, en Madrid, en la propia Venecia hemos visto levantar edificios absurdos desde la época de Francisco José. En estos tiemoos del disparado negocio inmobliario el problema se ha convertido en una amenaza especial: en Venecia, por ejemplo, dejar sueltos a estos “genios” “contemporáneos”, como dice el alcalde, sería la garantía de arruinar la ciudad en poco tiempo. Ese personal, más sus aliados los especuladores, son más destructivos que el tiempo, que las guerras. Ponerles coro es lo más razpnabel que puede hacer un alcalde.

  4. Si no ando muy descaminada -estoy lejos de mi biblioteca- Piazzale Roma es un párking muy grande y bastante destartalado y Ferrovia, pues eso, a donde llega el tren. No sería yo quien impidiera a Calatrava poner allí su ‘huevo’ aunque después de mirarlo con lupa, no fuera a emporcar una sky line de siglos.

    En Il Gazzettino de hoy no veo a Calatrava per nessuna parte. De lo que sí se quejan los venecianos es de ‘…Troppi turisti a Venezia, troppi i visitatori che riempiono le calli, impediscono il passo ai veneziani, riempiono i vaporetti. Troppa gente…’ Me temo que Calatrava va a ayudar a que los que llegan a la estación crucen el nuevo puente y no hagan el paseo en vaporetto hasta San Marco. Ellos se lo pierden.

    Pero el sancta sanctorum no debe tocarse más que lo justo para que no se caiga. Esos mamarrachos de que se queja el Jefe son más fruto de la picaresca de los venecianos, a muchos de los cuales no les importa la multa, que de la vigilancia -alguna vez, vista gorda- de las autoridades.

    Proyecté una vez cuatro días en Venecia -en realidad dormía en Padua y tomaba a diario el tren- y sólo aguanté dos . Era ferragosto. Luego un fin de semana de tres noches sin ‘troppa gente’ se me fue en un suspiro. Pero hay que volver, siempre volver.

  5. Vaya, no se lo que me ha pasado pero he comemtado este artículo dos páginas antes¡ Siento decir que no repito, pués me cuesta utilizar el teclado español, que estoy en este bendito país.
    Lo que sí hago es renovar mis saludos a todos.

  6. No se pierdan la columna que ja dedica hoy, aunque no tengamos ocasión de verla aquí, al caso verdaderamente insólito de El Solitario. Es una pena este retraso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.