Hay una memorable anécdota clásica que nos han trasmitido, entre otros, que yo sepa, además de Proclo y de un par de doxógrafos, ese admirable divulgador científico que fue Isaac Asimov. Cuenta el caso que el rey Tolomeo el Grande, el sucesor de Alejandro, abrumado por los razonamientos con que Euclides trataba de demostrarle sus teoremas, le preguntó con cierta insolencia si no existía alguna forma más liviana y llevadera para trasmitir ese saber, cuestión a la que el sabio geómetra, encogiéndose de hombros, parece que respondió en estos términos: “Pues no, Tolomeo, no existe una vía regia al aprendizaje”. He recordado la afirmación de Euclides coincidiendo con los clásicos plantos de final de curso sobre los progresos de la ignorancia y las quejas de no pocos educadores sobre la decadencia de un sistema docente que ha creído hallar en la tolerancia ese atajo imaginario que no existe, por supuesto, ni para los reyes ni para el último siervo, por la razón elemental de que no es posible aprendizaje alguno sin el correspondiente esfuerzo. Estos días, precisamente, encuentro en el periódico el testimonio de un grupo de alumnos distinguidos en el acceso a la universidad, unánimes en el reconocimiento de que un buen bachillerato constituye una garantía a la hora de pasar esas extravagantes pruebas y –convendría añadir– para cualquier progreso posterior que se pretenda intentar. Un docente amigo me asegura, por su parte, que ni uno solo de sus alumnos de ese mismo nivel fue capaz, en un ejercicio reciente, de escribirle una humilde holandesa sobre la obra de Rembrandt, y otro me dice que sólo menos de un cinco por ciento de los suyos tiene una idea medianamente aceptable sobre los reinos medievales que acabaron constituyendo España. No cabe duda de que la ‘deconstrucción’ logsiana del saber ha dado generosamente sus frutos.

xxxxx

Parece que germina, en cualquier caso, la idea de que resulta inaplazable la vuelta al modelo clásico, es decir, a la idea de que la transmisión del saber no es un ejercicio gratuito sino un empeño que requiere, sobre la forzosa aceptación de la autoridad del enseñante, el denuedo del aprendiz. Ni hay “via regia” al aprendizaje ni hay trocha cómoda para nadie en ese planeta exigente que gira en la órbita de la socialización, como tal vez ha pretendido con buena fe un desnortado progresismo que todavía domina, en medida excesiva, nuestro tinglado educador. Como no hay “democracia del aprendizaje” que valga, a no ser que por ella entendamos el protagonismo escolar del estudiante que tanto gustaba a un autodidacta satisfecho como el divulgador antes citado. Hasta en España se oyen ya voces clamando por la restauración de la disciplina escolar que en la Francia de Sarkozy ha sido recibida como agua de mayo por una sociedad que no acertaba a decir sin complejos lo que pensaba masivamente, a saber, que un alumno no puede ser un déspota ni un educador el sirviente de su pupilo. Leibnitz decía que la educación hace bailar al oso pero pasaba por alto el largo proceso que consigue ese milagro. Y hoy sabemos el poco tiempo que es preciso para demoler el edificio centenario de cualquier pedagogía, lo fácil de resulta descerrajar la puerta de la escuela, como nos proponía hace unas décadas Ivan Illich, pero lo enojoso que puede resultar volver a cerrarlas razonablemente. Hacen falta maestros que como Euclides digan con la misma insolencia al monarca exigente que no hay saber sin esfuerzo, una vez desechada la teoría profundamente reaccionaria que ve en la disciplina una fusta y una solución en la utopía del saber espontáneo. La vida se ha encargado de probar que esa “vía regia” hacia el saber no se encuentra más que en la imaginación de los temerarios. El problema que se plantea ahora es que volver hacia atrás por el viejo camino pedregoso va a costar Dios y ayuda.

5 Comentarios

  1. Temo que la aparición, tan enjudiosa, del art. de jagm sobre la conferencia de Mercader va a nublar esta columna de interés tan grande como sabemos los enseñantes. GM insiste en ello cuanto puede, y me consta que mantiene relación con muchos docentes que lo tienen al día, cosa que se nota en sus escritos. El de hoy no tiene desperdicio y por eso lamentaría que se desperdiciara.

  2. Diga que sí, lo que falla es bachillerato, el fallo está en el esqueleto de la formación y así no hay manera. A mí, por ejemplo, me ha sorprendido (un poco, no mucho) su capacidad de usted para desenvolverse en materias científicas como hoy demuestra en esa presentación que va publicada por excepción más arriba, y que supongo que corresponde a la Charla que habrá esta tarde en Punta Umbría.

  3. (Pues sí, ayer me equivoqué y comenté, por el mucho aprecio que le tengo a Juan P. Mercader).

    Hace un par de días le dije a mi don Páter que servidor fue fraile antes que cocinero. Erré. En realidad fui fraile y cocinero al mismo tiempo. Aunque para entederlo mejor tendría que recurrir a una autobiografía que aburriría las ovejas.

    Lo cierto es que parte de mi vida profesional, aunque no sólo, la dediqué a la enseñanza de niños chicos, que decía Juan Ramón. He defendido siempre que enseñar a leer (bien), a escribir (que se entienda) y las cuatro reglas, puede ser tan complicado como demostrar el teorema de Pitágoras. Para entender este último hay que dominar lo que digo antes.

    En la realidad, tras el bienintencionado proceso que suponía la Ley Villar, la del 70, implantando la EGB, obligatoria y común, hubo un demagógico intento de decir que a los catorce años, los alumnos iban a salir todos con el bachiller elemental. Craso error. Para saltar una valla accesible para todos, había que poner el listón bajito. Se bajó. Pero aún así, había alumnos que obtenían un ‘certificado de escolarización’, pero no de graduado escolar.

    Tras el tsunami del 82, en el 85 se promulga la LODE, primera -segunda si lo desean- cagada sobre el edificio de la enseñanza. Léanla si tienen oportunidad y comprueben cómo se sugieren aspectos que promueven la enseñanza lúdica, maldición, no he resistido la tentación de callármelo. El aprendizaje deleitoso, el conocimiento por ósmosis, sin esfuerzo. Se prohibe enseñar a leer antes de los seis años, el parvulario debe ser un juego mantenido y constante, PROHIBEN, los tradicionales deberes (¿cómo se va a mantener un voto socialista, si al volver el papá a casa -la mamá cuenta menos- si tiene que ayudar a su tierno infante a realizar sus deberes? Marditoh roedoreh, ya no los voto más, diría el obrerito de izquierdas), se constituyen unos ‘democráticos’ consejos escolares, donde los cuatro aficionados al mangoneo hablan -siempre en nombre de sus representados, pordió, faltaría plus- de cómo, cuándo y cuánto tienen que trabajar los maestros, huy perdón, que ahora son todos profesores. Se presiona al docente, bonita forma de recordar el latín, desde una administración cada vez más ‘kommissariat’ por arriba para que acate los ukase y por abajo por una punta de protopolíticos en agraz que velan sus primeras armas dialécticas en las sesiones del consejo escolar. Los más esforzados paladines pueden aspirar a ser nominados para concejales, como hubo una auténtica desbandada de maestrillos que desertaron de la tiza para ser concejales, no sólo de cultureta, sino hasta de urbanismo o jardines y cementerios.

    Denerando, degenerando, unos pocos años después, se produjo el parto de los montes y apareció un ratón al que bautizaron logse. No cabíamos en casa y parió la abuela. ¿Fue una coincidencia que el efecto fuera simultáneo a la época de mayor rapiña en la cima del poder, de pirámides terminadas en X, de fortunas ultrarrápidas, de expoliación de todo lo expoliable?

    ¿Qué quieren que les diga? Al bachiller llegan sin dominar la lectura comprensiva. Todo eso de la ESO no llega ya a los niveles de la EGB. En un par de añitos se quiere resumir los antiguos seis años que se necesitaban para ser bachilleres superiores. Y a la Uni se llega con palominos aún en el culo y pensando sólo en la botellona del jueviernes y del sábado.

    A la enseñanza entre todos la mataron y ella sola se murió. Esfuerzo, autoridad, disciplina, excelencia, son palabras fachas. Ahí vamos. En el furgón de cola.

  4. Buenas tardes a todos. Acabo de leerme los comentarios de’ unos diez dias.Me han interesado los que se refieren a las elecciones en Zahara. Hay noticias frescas? Perdonen mis faltas pero no conozco este teclado y no puedo poner los acentos.
    El tema de hoy es recurrente en la pluma de don Jose Antonio; estoy totalmente de acuerdo con el para decir que, como para todo, no se consigue nada sin esfuerzo, y que para aprender hay que sudar. Lo que pasa es que antes sudar era normal , necesario, y hoy ya no lo es.
    Besos a todos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.