Leo con atención el comentario de Arcadi Espada crítico con las “jugarretas” prodigadas en Internet por esos piratas que invaden las webs ajenas demostrando que en el campo cibernético no hay puertas que valgan. En ese artículo dice Arcadi –un pionero sin parangón en estas nuevas tecnologías—que en Internet “todo es mentira hasta que se demuestre lo contrario”. Ahí queda eso, que él ilustra con el caso estupendo de la lesbiana siria, Amina Abdallah Araf al-Omari, que nunca existió pero que ha logrado conmocionar este mundillo, aparte de movilizar a las policías dictatoriales lanzándolas a una caza de brujas que a saber cuánta desgracia puede haber producido. Por su parte la policía española hace lo que puede –incluso el ridículo– en su lucha contra ese colectivo “Annonimus”, el de las caretas que andan por ahí, que ha logrado bloquear durante un buen rato el “sitio” de nuestras fuerzas de seguridad. El Fondo Monetario Internacional, en la picota tras los roneos de Strauss-Kahn, tampoco ha escapado a estas invasiones  cibernéticas que han forzado a la Banca Mundial a suspender preventivamente su conexión con sus bases. Y encima, van el Pentágono y el Departamento de Estado y organizan un plan para crear una red furtiva de comunicaciones, bien abastecida de dineros, al servicio de activistas dedicados a luchar contra los regímenes dictatoriales tales como Libia, Irán, Siria y el propio Afganistán. Se ha abierto la veda, pues, de manera que nadie podrá estar seguro en un espacio común en el que en adelante va a resultar imposible distinguir entre lo verdadero y lo falso y, por descontado, mantener a buen recaudo la información que legítimamente cada cual pueda considerar reservada. Cómo será que el baranda de la CIA, León Panetta, ha declarado que el próximo Pearl Harbor de los EEUU podría ser uno de esos ataques informáticos capaces de paralizar sus redes. Internet crece como un gigante cada día más amenazador más allá de sus promesas democratizadoras.

 Pasó lo mismo con la imprenta, con el telégrafo, con la penicilina y con el viagra: hay novedades que cuesta asimilar. Pero ésta de la Red mundial, que nos permite la presencia pero sin garantías sobre nuestra imagen, es especial, se diga lo que se diga. El futuro está ahí, de eso no cabe dudar, pero será preciso precaverse contra unos abusos e invasiones que es posible que no resistan comparación  con nada en el pasado. Todo en Internet es sospechoso mientras no se demuestre lo contrario. Arcadi, mucho más experimentado que yo, dice incluso que es “mentira”. Yo no llego a tanto seguramente porque no domino el tema como él.

8 Comentarios

  1. Me ha sorprendido su descinfianza de la nueva comunicación, solo que creo interpretra que lo que hace es prevenir el abuso de ella que se viene haciendo por grupos incontrolados. Recuerde que todo tiene su coste, la grasa alimenta pero engorda y hasta mata, la tele informa pero embrutece, el ejercicio es bueno pero adictivo y vaya usted a saber a cuantos ha matado. Unternet es una revolución? ¿Estamos de acuerdo? Pues entonces suscribo el resto de la columna, que leo a diario desde hace años.

  2. Con esto del Internet ocurre lo mismo que con los “indignatas”, que hay mucho gurú que lo acepta sin condiciones sin tener en cuenta ni siquiera las evidencias. Los ataques a las webs de seguridad son de lo más alarmante y carece de sentido defender la libertad en la Red sin cortapisas por un mero prurito. Internet marca una neuva era, quién podría discutirlo, pero entraña pro el momento riesgos incuestionables como los que venimos conociendo y la columna recoge.

  3. Lo primero que hay que enseñar a los niños es a desconfiar de la red. Sin embargo es una tecnología maravillosa, una técnica revolucionaria que como la imprenta o el teléfono transmite lo que le ponen. En este caso amenas y sabias palabras….
    un beso a todos

  4. Toda novedad despierta recelos. Lo explicó mejor que nadie el maestro de don ja, J.A Maravall, de quien, como aquí se ha recordado, el dia 13 pasado aquel publicó un magnífico homenaje en su centenario: “Antiguos y modernos” es una obra clave y sospecho que poco leída. Pero las novedades que hacen cambiar el rumbo de la vida –la rueda, la imprenta, el antibiótico, Internet– ponen a mucha gente en guardia contra ellas por la sencilla razón de que suelen llegar acompañadas de muchas ambigüedades. En unos años, un decenio tal vez, Internet habrá dejado de inspirar temores porque ya estarán controlados sus riegos mayores. Hasta entonces habrá que admitir la tesis subyacente en la columna de hoy.

  5. Duro juicio el de Espada, y el suyo, en definitiva. Aunque no niego, ni a uno ni a otro, que sobran razones para la inquietud. Tener en casa línea abierta con el mundo es algo que no podíamos ni soñar hace veinte años. Hoy apenas si le damos importancia al hecho. Pero ahí está la cara oscura, el reisgo de la desinformación, el peligro del bulo. Nunca hemos tenido tanto saber a disposición ni menos seguro.

  6. Internet es el futuro, aunque se nieguen a aceptarlo ciertas momias. No hay más que estar un poco atento a lo que ocurre en sociedad, desde los niños hasta los ancianos. Hay días en que no comprendo la intención de un observador, por lo general bien orientado, como jagm. Tal vez sea contagio de su amigo Arcadi…

  7. De acuerdo con unos y con otros. La comunicación sólo ha comenzado a mostrar sus posibilidades. ¿Nos comunicaremos en breve cara a cara –como ya se hace–, quiero decir que si Internet superará al teléfono como ya ha superado al correo. Esta es una nueva era, no nos casamos de decirlo. Y esos cambios de triempo traen problemas, como bien se señala. Los ejemplos de ello que ja proporciona son estupendos, por cierto.

  8. Será que las revoluciones tecnológicas “del futuro” se han vuelto tan rutinarias que acaban por aburrir a poco que se anuncia el alumbramiento de la siguiente revolución. Recuerdo la Expo del 92 (a la vuelta de la esquina, como quien dice) con el eslógan “La Era de los Descubrimientos” donde nada se decía de Internet. No me negarán que Internet también tiene un poquillo de opio del pueblo.

    A saber qué nos deparará “el futuro” y en qué momias nos convertirán las futuras generaciones.

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