Seguro que a Víctor Márquez Reviriego no habrá que recordarle a este Fernando Vela que me ha inquietado el fin de semana con la constatación que hace en su libro “Circunstancias” en torno a la tarea del escritor periodista: “El escritor periodista –nos dice Vela—asesina, desperdicia todos los días en sus artículos un tema, una idea que desarrollada pudiera ser objeto de todo un libro”. Gran verdad. Ahí tienen la obra de Víctor, escrita al filo de los días y agavillada luego en libros que él tiene la astucia y el oficio necesarios para inventarles la coherencia y darles ese atractivo aire de ensayo siendo, en muchos casos, hábiles antologías que él no está dispuesto a ver aventadas por el tiempo y la desmemoria. En mis manos tengo sus “Auténticas entrevistas falsas”, insolente y divertido ejercicio de imaginación pero también, de paso, exhibición de su capacidad de penetrar en la intimidad de sus personajes reales desde el convencimiento de que lo verdadero va, por lo general, de la mano de lo falso, autorizando al crítico o al simple espectador imaginar ese reducto íntimo con el solo límite de la discreción. “¿Y qué es la Verdad”, sabemos que le espetó Pilatos al Cristo cuando Éste le dio pie al final de su interrogatorio. Pues la Verdad, con mayúscula, no suele ser más que una convención que puede que ayer no valiera un pito o que mañana vuelva a deshacerse en el soberado de la memoria. Lean esta brillante muestra de talento y cultura para comprobar que, en efecto, esa Verdad se columpia sin freno en el balancín de nuestro criterio volátil, sin acabar nunca de blindar su dogma. No soy capaz de expresar la fruición que produce ver a esos cuarenta próceres de nuestra generación reflejados en el espejo cóncavo que suele ser  la retina del hombre culto. No sé si Víctor comparte la preciosa tesis de Braque: “La Verdad existe. Lo único que se inventa es la mentira”.

Pero a mí me parece que, en este sentido, Víctor se “inventa” estos retratos “falsos” con la mejor voluntad de ser fiel a sus modelos, esa colección de maestros que componen la galaxia de esta generación nuestra, tan estupenda y tan perdida. Y quién sabe si Nebrija o Mark Twain, si don Pedro Laín o Julio Verne, son tan verdaderos o más en la versión de Víctor que lo fueron en la siempre ambigua realidad. Tanto él como yo, que conservamos tanta cifra facultativa junto a la duramadre, no hemos olvidado el aviso de Demócrito que nos recordaba , ay de la vida, el Díez del Corral de nuestra primera juventud: “En realidad, no sabemos nada. La verdad está en el fondo del abismo”. Al escribir hay que ser fiel. No es necesario siquiera ser objetivo.

4 Comentarios

  1. ¿Este comentario es de “amigo” o va en serio¿ Porque si es así le ruego que facilite editorial para hecerme con él, ya que Reviriego es uno de nuestros grandes periodistas y de los más cultos. Gracias.

  2. Reviriego, mejorando lo presente, es uno de los pocos “plumillas” a los que trató de ofender González cuando los aludió por ese término. Gran cultura académica, gran experiencia… Un poco vida paralela a la jagm. Buscaré ese libro.

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