No hay disimulo posible en las filas del “régimen”, partido hoy por gala en dos por más manitas que hagan. Pero algo les favorece y es la fractura interna del rival que, tras el relevo en las alturas, se pelea igualmente en público por su trozo de Poder. ¡La comida de las fieras! Con la división del PSOE coincide la de un PP que, como gallo sin cabeza, corre sin norte y a codazo limpio en busca de un ilusorio liderato. ¿Cómo van a pedirle luego unidad a sus militancias si los dirigentes exhiben, sin tentarse la ropa, ansias semejantes? Ni un cisma ni el otro le vienen bien, en todo caso, a esta Andalucía que comprueba extrañada y con envidia la ventaja de las autonomías que son capaces de actuar con una sola voz en los momentos graves. Aquí prospera la discordia –la propia y la ajena—y así nos va.

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